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‘Todas las cosas buenas’, un refugio sonoro concebido en tiempos de incertidumbre que busca transmitir esperanza

 

Desde su formación a mediados de la década de 2000, Rufus T. Firefly ha desafiado las convenciones del rock alternativo en España. Con una discografía que evoluciona constantemente, la banda ha sabido fusionar distintos géneros, destacando el rock psicodélico y melodías envolventes, creando un sonido inconfundible que les ha valido un lugar de culto en la escena musical.

Ahora, en tiempos de incertidumbre, Rufus T. Firefly regresa con ‘Todas las cosas buenas’, un álbum que es refugio y espejo de una generación. Víctor y Julia, las mentes creativas detrás de la banda, nos abren las puertas de su universo para contarnos cómo este disco, concebido en aislamiento, se convirtió en un canto a la esperanza y a la belleza encontrada en los resquicios de la realidad.

En este nuevo disco habláis de aprender a ver las cosas bonitas donde no las hay. Me gustó especialmente cuando Marisa, durante la presentación, comentó sobre la lluvia como algo hermoso. ¿De qué manera ha influido el contexto social y cultural actual en la creación de «Todas las cosas buenas»?

Víctor: Ha influido mucho, sobre todo para aislarnos de él. Buscamos una especie de refugio frente a todo lo que ha estado sucediendo. Son tiempos muy difíciles, violentos y extremos que pueden llevarte a la desesperación e incluso a pensar que no existe futuro ni vale la pena hacer nada. Creo que debemos huir de ese pensamiento y buscar siempre la esperanza.

Una de las cosas que hice fue alejarme de las redes sociales para concentrarme únicamente en crear música. Intenté hacer lo mejor posible con las canciones para que la gente, al escucharlas, pudiera sentirse mejor o evadirse de la realidad circundante. Este disco es una respuesta al ambiente tóxico, la violencia y todas esas situaciones que están ocurriendo actualmente.

 

Qué interesante. Al escuchar el álbum me llamó mucho la atención una frase de ‘Trueno Azul’: «No estoy hablando de amor, hablo de sobrevivir». ¿Cómo surge esta perspectiva desde esa idea de refugiarnos del mundo exterior? ¿Cómo entrelazáis ese enfoque con el mensaje de «las cosas buenas»?

V: Justamente tiene que ver con lo que te comentaba: aferrarse a las cosas buenas o a las personas valiosas en tu vida. Ya no se trata tanto de estar enamorado o querer, sino de encontrar motivos para seguir adelante. Va más allá del amor, aunque tiene mucho que ver con él; es algo más profundo y con mayor recorrido.

Siguiendo con la presentación, mencionasteis que bromeabais con Manuel Cabezalí sobre que este disco era como un «grandes éxitos» pero con canciones nuevas. ¿Qué aspectos del álbum creéis que encapsulan vuestra trayectoria mientras ofrecen algo fresco?

Julia: Cuando empezamos a componer el disco, surgieron muchos estilos diferentes entre sí. Al comenzar a tocar estás sumergido en tu proceso creativo, vas componiendo y sacando temas. En nuestros tres discos anteriores teníamos un concepto muy definido, pero en este nos hemos dejado llevar más por lo que queríamos hacer que por buscar un conjunto con un mismo sentido.

Aunque finalmente ha tenido coherencia, hay temas que a nivel sonoro son muy diferentes, bastante eclécticos. También ocurre como en nuestros primeros álbumes: habla mucho de nuestros sentimientos, no tanto de darle un sentido a la vida para los demás sino como vía de escapatoria. Ha sido nuestra forma de aislarnos de las influencias externas, adentrándonos en nuestro universo e intentando apreciar lo positivo de cuanto nos rodea.

V: Es cierto que aunque parta de nosotros y nuestras emociones, refleja un sentimiento común. Lo que estoy experimentando también lo veo en mis amigos, en personas cercanas y en numerosas conversaciones. Es algo personal que fácilmente se transforma en universal porque son sensaciones compartidas. Respecto a lo de «grandes éxitos», creo que este disco recoge un poco de todo lo que sabemos hacer, y eso me encanta.

Claro, es mucho más sencillo crear algo que nazca de tus propios sentimientos y conecte con la audiencia, que intentar vender algo calculado para gustar pero carente de esa emoción genuina.

V: Efectivamente, se nota cuando algo es impostado, siguiendo tendencias actuales. Cuando haces eso, ya lo han hecho cincuenta artistas antes que tú y se vuelve monótono, sin aportar nada nuevo. Considero fundamental buscar dentro de uno mismo y, simultáneamente, encontrar la manera de hacer ese mensaje universal. Si te vuelves demasiado introspectivo, nadie comprenderá lo que estás expresando y el mensaje se perderá en el vacío.

 

 

¿Qué temas o conceptos recurrentes hay en el álbum que podrían no ser evidentes en una primera escucha, pero tienen un significado profundo para vosotros?

V: Para mí hay mucho sobre amistad y amor, pero no un amor romántico sino más cariñoso, cotidiano y duradero que la simple chispa inicial. También hay mucho sobre resistencia, aprender a vivir con los resultados de nuestras decisiones y superar la frustración. El disco es como una fotografía de este momento de nuestras vidas, con todas las ilusiones que teníamos, algunas que salieron bien y otras mal, pero seguimos adelante. El mensaje central, para mí, está relacionado con la esperanza y encontrar motivos para continuar.

Hablando de las presentaciones que habéis estado realizando con auriculares, ¿cómo creéis que esta experiencia inmersiva redefine la relación entre vuestro público y la música? Vuestros seguidores apuestan fielmente por vosotros, como cuando con ‘El largo mañana’ hicisteis la gira antes de que salieran las canciones. ¿Por qué elegisteis esta experiencia para conectar con la audiencia?

J: Comentábamos antes que hacer algo así es muy arriesgado, pero nuestro público confía en nosotros sin pensarlo dos veces, lo cual es precioso. Ellos saben que, hagamos lo que hagamos, transmitiremos un mensaje valioso. Nuestro proyecto funciona como una especie de autoayuda para quienes nos siguen.

Esta experiencia con auriculares crea algo extremadamente íntimo: «Aquí tenéis el disco, lo vais a escuchar por primera vez sin interrupciones». Para nosotros implica mucha responsabilidad porque se oye absolutamente todo, incluyendo los errores. Estamos presentando el material nuevo cuando todavía no dominamos completamente el directo, con pequeños fallos, pero esa es la realidad que compartimos. Aunque arriesgado, creo que la gente lo percibe como un regalo. Me sorprende que estén bailando tanto, algo que no suele ocurrir en nuestros conciertos.

V: Nuestra intención siempre ha sido hacer las cosas de manera personal, evitando repetirnos o caer en clichés. Esta propuesta nos pareció un buen mensaje: presentar un disco con auriculares, tocándolo por primera vez para el público en lugares atípicos como el patio de una iglesia o un jardín de cactus.

Hemos tenido la suerte de contar con amigos que han querido organizar esto en diferentes ciudades. La experiencia está superando nuestras expectativas; pensaba que sería interesante, pero está resultando mucho más emocionante. Están sucediendo cosas preciosas y siento que estoy redescubriendo un aspecto de la música que tenía olvidado, relacionado con la ilusión de cuando empiezas a tocar sin saber dónde te estás metiendo. Eso me ocurre ahora y me hace muy feliz.

Creo que resulta emocionante para ambas partes. Personalmente, pasé la mitad del concierto llorando desde el principio porque la música llegaba literalmente al alma. Vuestro público apuesta fielmente; yo misma compré entradas para Aranjuez y Toledo sin haber escuchado previamente el material. Hablando con mis amigas todas decían: «¿Te gustaría ir?» «Sí, claro, ya tengo las entradas». Es maravillosa esa conexión que existe con vuestros seguidores.

V: Siempre que lanzamos algo nuevo hay una expectación especial. He participado en varios proyectos musicales a lo largo de mi vida, y eso no siempre ocurre. Pueden funcionar mejor o peor comercialmente, pero esa anticipación de «¿qué harán ahora?» es fantástica. Podemos sentirnos orgullosos de ser una banda inconformista que siempre intenta sorprender, y creo que la gente lo valora. Hay muchos grupos que si hacen un disco diferente, sus seguidores se enfadarían pensando que «se han vendido».

Sois como la vía de escape para quienes realmente buscan algo especial en la música, para melómanos de verdad. Para terminar con algo más distendido: ¿qué canción del disco creéis que sería perfecta para escuchar en el ‘Trueno azul’ por una carretera hacia «todas las cosas buenas»?

V: Es que nosotros somos melómanos de verdad. El otro día me preguntaban cuál es el mejor lugar para escuchar las canciones de Rufus, y creo que definitivamente es el coche. Nos ha pasado con todos los discos. Son álbumes donde el movimiento ayuda. Todo lo que sucede mientras conduces es como una meditación inconsciente: estás atento a la carretera pero repentinamente has reflexionado sobre tu vida sin darte cuenta. Nuestra música, con sus loops, contribuye a ese estado. Quizás ‘Dron sobrevolando Castilla-La Mancha’ funcionaría bien.

J: A mí me gusta mucho escuchar ‘Camino a través del fuego’ en el coche, porque comienza muy tranquilo, pero luego van incorporándose elementos nuevos.

Sí, mi percepción es que con cada canción de este disco te sorprendes más. No sé si el orden de la presentación será el mismo que el del álbum, pero todas se entrelazan perfectamente, creando una experiencia inmersiva. Algo que aprecio mucho de vosotros es que creáis discos para escucharlos de principio a fin, no como otros donde saltas canciones. Los vuestros mantienen esa armonía donde, aunque tengan estilos distintos, las piezas se conectan muy bien. Creo que la gente valora enormemente ese esfuerzo. Pues muchísimas gracias por esta entrevista. 

V y J: ¡A ti! Gracias.

 

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