Second. / Lourdes Martínez

Crónica: Laura Gondi

Una fan cuenta cómo vivió el último concierto de IZAL en el WiZink Center de Madrid como colofón a los 12 años de carrera de la banda

Fui al último bolo de IZAL con mi chico y nuestros mellizos de 11 años que vivían su primer gran concierto (habían debutado en el ‘mundo conciertos’ con Arde Bogotá justo el día anterior en Valladolid) y salimos completamente afónicos pero felices.

Los pelos como escarpias desde que empezaron a sonar los acordes iniciales de ‘Fotografías’ en una suerte de repetición sin llegar a tocar el tema completo, pero que dejaba entrever que el arranque iba a ser espectacular. Y así fue. Y además puntuales, sin hacerse de rogar.

Cinco enormes marcos colgados en el escenario, a imagen y semejanza de la portada de Hogar, en los que se proyectaba la salida del quinteto desde las entrañas de un WiZink Center abarrotado de gente y de ganas de disfrutar de la última fiesta.

El comienzo fue apoteósico con ‘El Pozo’ y un público entregado que no paró de cantar y bailar todas y cada una de las canciones que fueron desgranando desde que sonó la primera nota. ‘Copacabana’, ‘Autoterapia’, ‘El Hombre del Futuro’, ‘Bill Murray’ o ‘La increíble historia del hombre que quería volar pero no sabía cómo’… Hubo de todo y para todos. Sonido brillante, vibrante y juegos de luces acompañando a cada tema haciendo una simbiosis perfecta. Pausas entre canciones, más largas que en otros conciertos de la banda, explicando sus inicios en un cuarto piso sin ventanas de una calle de Madrid allá por la primera década de los 2000, y en las que Mikel fue cediendo protagonismo a cada uno de sus compañeros que agradecieron de corazón con toques de emoción contenida el apoyo del público durante los 12 años de vida «pública» de la banda.

Momentos más íntimos con ‘Inercia’,’ Pausa’ o ‘He vuelto’, y cargados de sentimiento como con ‘Pequeña Gran Revolución’, donde Mikel cedió el micro a un emocionado Alberto que explicó cómo esa canción había cobrado un nuevo significado en esta gira dado que hacía 5 meses que había sido padre por segunda vez. Muchas referencias a los dos años de pandemia sufridos y a la falta de contacto con el público, lo que animó a Mikel a bajar entre los seguidores de las primeras filas a regalar un ‘Que Bien’ con contacto directo, sin un solo problema, y con un respeto total por el público que rodeaba al vocalista.

Se acercaba el final, se intuía, a Mikel se le entrecortaba la voz mientras sus zapatillas doradas y con luces seguían brillando tan fuerte como al principio.

Un bis esperado, pero no por ello menos emotivo, con ‘El Baile’ que literalmente hizo estallar a todo el pabellón, y el colofón final con su icónica ‘La Mujer de Verde’, con guiños de luces en el mismo color, y un alegato emocionado en defensa de la sanidad pública española, con agradecimiento a todos los sanitarios que nos cuidaron durante la pandemia y… se acabó.

Un concierto emocionante, triste y alegre al mismo tiempo, con un público variopinto, con muchos grupos de treintañeros en su mayoría, pero también familias ya más cerca de los 40 o incluso por encima, con sus hijos menores que disfrutaron coreando todos los temas que seguramente escuchen en sus casas.

En definitiva, algo más de dos horas que pusieron un broche de oro a una banda de oro en el panorama musical de este país en los últimos años, que se marcha en lo más alto de su carrera y que deja un enorme vacío que, según los entendidos, podría llenarse en un futuro más o menos lejano con trabajos en solitario.

Mientras tanto seguiremos disfrutando de todo lo que nos dejan, en nuestros oídos, y en nuestros corazones.

 

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Laura Gondi

Laura Gondi

Redacción