Nunozurdo en OchoyMedio
 

 

El concierto de Nudozurdo en Ochoymedio congregó a su fiel base de fans y mostró a un conjunto renovado y maduro

 

La trayectoria de Nudozurdo, banda madrileña formada en los albores del siglo, es una de las más singulares del panorama alternativo patrio. Su primer y homónimo álbum, grabado gracias a su triunfo en el concurso Popzuelo 2002, apenas llamó la atención del núcleo duro de oyentes de Radio 3. Entre otras razones, la falta de distribución dificultó su alcance ya que, prácticamente, solo estaba disponible en los conciertos del grupo.

Publicar el segundo les llevó nada menos que seis años, pero Sintética les otorgó, por fin, el reconocimiento buscado. A partir de ahí, otros tres álbumes de estudio y unas señas de identidad coherentes y muy definidas: atmósferas densas y oscuras con largos desarrollos instrumentales (la obvia referencia a The Cure es obligada) y unas letras que reflejan una cierta angustia vital.

En 2017 publicaron Voyeur Amateur, el disco que, de la mano de Ricky Falkner, parecía marcar su consolidación hasta que un año después de su publicación, quizá por tensiones internas, desgaste o pura fatiga, anunciaban su separación definitiva y el fin del proyecto.

Pero en el pasado año la nostalgia de los escenarios se impuso sobre cualquier barrera y el proyecto resurgió. Leo Mateos, su líder, echaba de menos los directos (así nos lo contaba hace unas semanas a El Perfil de La Tostada) y, con el enésimo cambio de formación, lanzaban el magnífico Clarividencia tras fichar por Sonido Muchacho y han iniciado una etapa que está resultando especialmente prolífica.

Al álbum le siguió el lanzamiento del single ‘Hay que matar a ese cerdo/La satisfacción del trabajo bien hecho y, en el pasado mes de diciembre, el EP No te puedes rendir que, presumiblemente, es el preludio de su siguiente largo.

Así, en la recta final de la gira de presentación, el pasado viernes 10 de enero repitieron cita en Madrid, esta vez en el Ocho y Medio (AKA Sala But), completamente llena y con una cola larga a pocos minutos del comienzo.

El disco apunta a una reencarnación más sólida, con más empaque y su puesta en escena lo demostró desde los primeros acordes de ‘Carta A Nina’, tema perteneciente a su reciente Clarividencia, que fue el escogido para abrir la velada.

Un sonido algo saturado, especialmente en los agudos, algo que se mantuvo casi perenne durante gran parte del concierto, no opacó la fuerza interpretativa de una banda que se mostraba firme y demostraba que, si bien sus canciones son continuistas (ese pospunk oscuro, con largos desarrollos instrumentales), hay una evolución clara: ahora suenan más maduros.

Su actuación es sobria, con la banda (reforzada a los teclados) hierática y concentrada en extraer (de forma excelente) las notas de sus instrumentos y la presencia introspectiva de Leo, que apenas se dirige al público, pero muestra una voz más fuerte que en las grabaciones, que a ratos expone de forma más abierta y, en otros, esconde bajo esas capas instrumentales que hipnotizan a los presentes.

Suenan ‘Elvira/Santuario Combate’, ‘No te puedes rendir’ (única concesión al flamante EP, junto a ‘Cura de Humildad’) y ‘Bisontes Albinos’, en la que el pospunk se diluye en una corriente psicodélica, algo que también sucede cuando interpretan ‘Úrsula Hay Nieve en Casa’.

Los temas se sucedían con lenta cadencia y conformaban una letanía que el público escuchaba concentrado (una bendita excepción en estos días). Las partes instrumentales se alargan deliciosamente, alternando fuerza y delicadeza y, casi sin darnos cuenta, aunque apenas habían tocado 13 temas, ya habían pasado 90 minutos al terminar ‘El Hijo de Dios’ y tocaba retirarse por unos instantes.

Volvieron para rematar la faena con una triada en la que miraron al pasado y al futuro, resumiendo toda su carrera: Su debut, con ‘Dentro de él’; la parte central, con ‘Dosis Modernas’ y la más reciente, con ‘Hay que matar a ese cerdo/(…)’ en la que el quinteto se lució y nosotros nos rendimos ante un conjunto que, en esta segunda etapa, han elevado su propuesta sin perder su esencia. Como los grandes.

 

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Yago Hernández

Yago Hernández

Redacción

El Perfil de la Tostada