Zahara en Gijón. / Oscar Lafox Fotógrafo
 

El concierto tuvo lugar el pasado viernes en la Sala Razzmatazz de Barcelona dentro del Festival Mil·lenni

Zahara y su banda se presentaron al evento con una puntualidad británica y toda su artillería bordando un espectáculo inolvidable. Juegos de luces y estrobos epilépticos enmarcaron la infinidad de teclados y guitarras que pondrían ritmo a «una noche loquísima, rozando la esquizofrenia musical», tal y como presagió la cantante, sin desviarse demasiado de su premonición.

Más de 14 años después de aquella actuación como telonera de Duffy, Zahara volvió a pisar la Razzmatazz como la artistaza que es, avalada además por un sold out fulminante.

Dos horas en las que el público disfrutó de un repertorio de difícil selección, tal y como nos confesaron, en la que además de despedirse de su último disco tocando todas las canciones, quiso decir adiós también de los formatos musicales que ha realizado hasta ahora.

Empezó con una mezcla de ‘Flotante’ y ‘Summertime’, vestida con la camiseta de Merichane & co, junto a la magnífica falda larga de Gracias por su visita, a modo de servilleta de bar de carretera entrañable, donde se puede entrever el nombre del fin de gira.

Al evento no faltaron himnos como ‘Canción de muerte y salvación’, ‘Guerra y paz’ o ‘El diluvio universal’, en la que los presentes exigimos el silencio de los vecinos para que nada interrumpiera la voz de Zahara interpretando las canciones más melódicas.

Muestra de su gran talento y la espectacular capacidad vocal que presenta también en sus directos la vimos claramente con ‘El fango’, en la que no pudo disimular la risa nerviosa fruto de contagio de la emoción del público.

‘Ramona’ fue uno de los momento álgidos. Durante esa canción dolorosa y confesional, las bailarinas coronaron a la cantante con su banda azul y levantaron de manera impasible, con orgullo y fuerza los carteles de Puta.

A solas con su guitarra, Zahara nos pellizcó el estómago con ‘Negronis y martinis’ y ‘Sansa’, canción que dedicó a todos los que la han apoyado, y no la juzgaron al sacar las primeras canciones, así como aquellas supervivientes que guardan tantas historias; una canción que nunca dedicará a sus agresores.

Dejando la falda a un lado, empezó la rave de la mano de ‘Dolores’ y las mezclas donde no faltaron ‘Music’ de Madonna o ‘Gimme More’ y ‘Toxic’ de Britney.

Con ‘Taylor’ y su remix se abrió oficialmente una pista de baile electrónica, que hizo volar los cuerpos en al aire a ritmo de ‘Crash’ y sin pedir perdón ni absolución en ‘Camino a L.A.’ empezaron las coreos salvajes encima del escenario.

Con ‘Joker’ llegó el desenfreno y la libertad sin complejos de ‘Merichane’, como aperitivo de ‘Hoy la bestia cena en casa’. La última gran sorpresa fue la inesperada aparición de Alizzz que aportó el mejor cierre posible llevándonos a bailar con ‘Berlin U5’.

Cabe destacar la motivación personificada, el inagotable Martí Perarnau, un erudito indiscutible de la electrónica y los teclados, que llevó la batuta del concierto sincronizando a todos los músicos para unir los engranajes de un espectáculo perfecto.

Zahara y Martí son esa pareja para nada tóxica, que presentan una química indiscutible, complementándose y amplificando de manera exponencial su talento.

La gira de despedida ‘Gracias Puta’ pasará por Santiago de Compostela el 25 de noviembre, Madrid el 29 de diciembre y Logroño el 3 de enero.

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Sònia Sáez

Sònia Sáez

Redacción