Entrevista con Zahara

Lanzaron distorsión y ganas de pasarlo bien en el Fotomatón bar

 

“Te pido al menos que me digas la verdad, si soy yo la causa que provoca esta ansiedad”. Con estos dos versos Las Yhadys comienzan un disco repleto de letras claroscuras enmarañadas con dosis de acidez punk que saca el lado divertido al desconcierto y la sensación de estar perdidos. No es algo nuevo en ellos. Ya desde sus primeras canciones hablaban de la incomodidad en la pareja o en la vida en general (‘Tema 8’, ‘Espidifen 600mg’).

Las Yhadys juegan esa baza de componer letras de bajón y juntarlas a melodías con chispa, marcando demasiado el estilo hacia una misma dirección en todos los cortes de los diferentes álbumes que han parido. El teclado de Fanny es pieza clave en todo ese juego, capaz de crear un armazón férreo del que tirar que hace un buen match con los momentos shoegaze de la banda puestos en práctica en su directo.

Empezar un disco con una canción de cinco minutos es arriesgado y habla por sí mismo acerca de la actitud de la banda en cuestión; plantearte la estructura de un directo tocando el disco de principio a fin respetando su orden, también.

Pensar en el concepto del disco para presentarlo en directo es algo que pocas veces presenciamos quienes somos consumidores de conciertos. Porque el disco tiene una estructura, un porqué en su conjunto, un sentido en el orden escogido de las canciones y cuenta algo coherente para el artista entonces, ¿para qué romper con ese paradigma?

Eso es lo que pasó el sábado 25 de enero en el Fotomatón Bar. Las Yhadys volvieron a desgranar el disco puntualizando su cara A y su cara B, como ya hicieran hace poco en Santander. En aquella ocasión no tuvieron compañeros de escenario, pero en la pasada noche contaron con Balarrasa, a quien conocieron en Contempopránea cuando ambos estuvieron en la fiesta de bienvenida del festival extremeño.

Balarrasa, o Chema Castaño, abrió para Las Yhadys cuando todavía estaban entrando algunos rezagados al pub madrileño. Para quienes no lo conozcan, al primer contacto no pasa desapercibido. Su estilo cuesta definirlo. Se debate entre melodías envolventes que se toman en serio a sí mismas y temas algo más relajados conceptualmente sin abandonar las bases electrónicas. Temas como ‘Espiritual’ o ‘Bye Bye’ compartieron el mismo espacio en el escenario en una repetitiva performance shoegaze. Volverá a Madrid el próximo mes.

balarrasa

Al filo de las diez de la noche salió el dúo de Santander. Fanny con sus inseparables gafas oscuras y Sergio dando los primeros acordes de ‘Intro’.

Estaba claro que el público se vendría arriba cuando le tocó el turno a ‘Madrid’, era la segunda vez que la tocaban en la capital después de su paso por el programa de Radio 3 ‘Hoy Empieza Todo’.

Dieron buenas dosis de lo-fi haciendo gala de un sonido crudo y distorsionado que lució guapo en la versión que se marcaron de ‘Nada debería fallar’ de La Buena Vida. Sin embargo se pudo escuchar la voz de Fanny saturada y bastante más arriba en canciones como ‘La Fiesta de Irene’, o ‘Migajas’, desmereciendo la calidad de la actuación si te encontrabas hacia la mitad de la sala; cosa que en las primeras filas no pasaba.

Sus mejores bazas en el escenario son la actitud entre pasota y naif, y unas canciones que arrancan bailes y movimientos de cabeza al más puro estilo indie años 90.

Estar en sintonía con el público es lo que consiguieron Las Yhadys la pasada noche, que cerraron con el estupendo single ‘Disgustos de verano’ y una nueva fecha para verles de nuevo esta vez en Bilbao, el día 21 de febrero.

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Lorena M.

Lorena M.

Redacción

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