Las Nubes desataron su tormenta sónica en Madrid, con un directo cargado de guitarras evocadoras de lo mejor de los noventa
Hacía tiempo que no pisaba la mítica sala madrileña El Perro de la Parte de Atrás del Coche, aunque sí había asistido virtualmente a algunos conciertos en fechas recientes gracias a su acuerdo con Vackstage, plataforma que permite que algunos de ellos sean retransmitidos en streaming.
Bajamos las escaleras para acceder a la acogedora cueva en la que se refugia el escenario. La sensación es clara: la noche promete. Y las expectativas, ya altas cuando en el cartel se anuncia una de las sensaciones del año pasado, se disparan más aún.
Siendo jueves por la noche, parecía buena idea aprovechar el programa doble y, cerveza bien fría en mano, conocer al grupo encargado de calentar motores. Pero la idea de la banda emergente El Monstruo del Lago iba mucho más allá de eso y, desde el arranque, quedó clara la obsolescencia de la Escala Richter.
En estudio, su estilo cabalga entre la psicodelia, el garaje y el rock duro, pero. en directo. traspasa la línea del hard core y casi abraza el metal. Tu cuerpo se sacude como si se pasaras al lado de Pete Townshend cuando lanzaba su guitarra contra las tablas o te rozara el bate de Al Capone en Los Intocables.
Es una apuesta arriesgada en la medida en que muchas salas se podrían ver superadas por semejantes ondas sónicas, pero la acústica de El Perro alcanza la absoluta perfección y la banda cuenta con un cantante, Jesús, que se come el micro y se alza por encima de tamaño voltaje, lo que tiene mucho mérito.
Con el mundo vuelto del revés, Las Nubes, plato principal del menú, sucedieron a la tormenta, dispuestas a crear su propio fenómeno sonoro. Al fin y al cabo, son un dúo floridano.
Tienen buenas herramientas, puesto que se trata de una propuesta que recoge el sonido alternativo de los años noventa, como las mejores bandas de esa escena cuando estaban en su mejor momento.
Cuando enamoras a tipos como Thurston Moore o Iggy Pop es porque tienes algo diferente. En el caso de La Iguana, un habitual de la tienda de discos en la que trabajaban las dos componentes de Las Nubes, el flechazo le ha llevado, incluso, a fichar a su líder, la vocalista y guitarrista Ale Campos, para su banda de directo, como ella misma nos contaba en una reciente entrevista con nosotros.
No fue larga la pausa y, sin tiempo para enfriarnos, Las Nubes, que se transforman en cuarteto para las giras, tomaron el escenario ya con el recinto abarrotado, dispuestas a presentar su segundo disco, Tormentas Malsanas, editado para Europa por el sello español Spinda Records, cuya reseña puedes leer aquí.
El arranque, con ‘The weeks that followed’ y su atmosférica intro fue, sorprendentemente, algo dubitativo y las voces quedaron algo por debajo de sus potentes guitarras, desluciendo ligeramente el gran trabajo con las armonías vocales, parte de su seña de identidad.
Pero su bandera son esas guitarras que cruzan el shoegaze, el pospunk y el grunge, y escuchar sus canciones es pasar los dedos por los lomos de la estantería donde guardamos los discos de las bandas que mejor lo encarnaron.
Cuando asoman, ya sabemos que todo va bien y que va a ir mejor. ‘Enredados’ resuena en la sala y la sombra de The Breeders, una de sus bandas favoritas, planea sobre el foro. Cuando llega ‘Allusions’, es la de los Pixies, la otra cara de la moneda. Tanto es así que la propia Ale la definió en vivo como “la canción que los Pixies nunca escribieron”, antes de pasar a ejecutar parte de ‘Where is my mind’ para probar las semejanzas entre acordes y presumir de inspiración.
Al sonar ‘Tararear’ o ‘Pesada’, nuestra mente vuela hasta la Metro de Chicago y recordamos a The Smashing Pumpkins. Las seis cuerdas generan una atmósfera densa, pesada y contundente. Como si toda la historia de la música alternativa de más de cuatro décadas se condensara en las profundidades de Malasaña.
Y así, entre el disfrute del presente y la nostalgia del pasado, la hora de recital pasa volando, el oleaje guitarrero se calma y la resaca devuelve al mar las notas para que lleguen a otros oídos afortunados en una orilla no tan lejana: la gira por el viejo continente continúa y a España le ha tocado la apertura y el cierre.
Y así salimos y miramos al cielo nocturno de Madrid, donde siguen todavía unas nubes que ya no vemos, pero que aún sentimos y se extrañan.
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Y. H.
Redacción