Actors at Sala Nazca

 

 

El reencuentro tan breve como esperado con ACTORS tuvo la intensidad de un concierto implacable

Casi dos años después, nos reencontramos con ellos. Durante este tiempo, han mantenido su actividad, pero el sucesor de Acts of Worship (2021) sigue sin ver la luz, a pesar de que los sencillos publicados en este período podrían conformar otro álbum.

Hablamos de ACTORS, cuarteto canadiense que se ha convertido en una referencia clave del pospunk actual, encabezando una miríada de grupos que están revitalizando el género, como bfrmm o Lebanon Hanover, entre otros. Su mundo, además, se expande más allá del propio conjunto con proyectos paralelos como LEATHERS.

Nos referimos a la vertiente del pospunk más cercana a la new wave, con un fuerte protagonismo de los sintetizadores y las melodías, que se vinculan con grandes referentes como The Cure o Siouxsie and the Banshees.

Cabe destacar que existe otra corriente más eléctrica y experimental, representada por bandas como Fontaines D.C. o The Murder Capital, que están explorando nuevas fronteras y han cambiado las reglas del juego.

Pero lo que aquí nos ocupa es una versión más canónica, aquella que se acerca al gótico y llena la sala de vestimenta oscura, sombra de ojos y cuero en un ambiente en donde ya se dejan ver algunas canas. En esta ocasión, el punto de encuentro fue la madrileña sala Nazca, situada cerca de la Moby Dick, escenario de la cita anterior.

Se trata de un recinto más amplio, ubicado en un sótano y con un ambiente más acorde con un concierto de música underground. Como era de esperar, su creciente base de seguidores lo llenó hasta la bandera.

Los teloneros en esta ocasión fueron Soft Vein, la nueva banda favorita de Jason Corbett, líder y fundador de ACTORS, si bien en realidad se trata del proyecto en solitario de Justin Chamberlain, músico afincado en California. Su electrónica oscura y bailable fue el aperitivo ideal para el plato fuerte de la noche.

No pasó mucho tiempo antes de que los canadienses pisaran el escenario y, con gran celeridad, dejaran todo listo para un arranque puntual con las notas de ‘L’Appel du Vide’ (La llamada del vacío), de su álbum debut, It Will Come to You (2018).

Enseguida percibimos las pequeñas diferencias con respecto al bolo anterior: caras conocidas de la banda en las primeras filas, sonrisas sobre el escenario y una mayor interacción con el público.

Los de Vancouver mostraron una cara más relajada, pero la misma precisión en su interpretación. Y estamos hablando de una ejecución rayana en la perfección, con un sonido más que sobresaliente. Por momentos, parecía una reproducción del álbum, de no ser por algunas partes improvisadas y desarrollos instrumentales que añadieron frescura al directo.

Enseguida sonaron sus novedades discográficas, ‘Dead Inside’, ‘In Real Life’ y ‘Object of Desire’, que no se apartan un milímetro de su estilo. La atmósfera opresiva creada por las teclas de Shannon Hemmet y los riffs de Corbett, algunos de los cuales coreamos como si fuera un estribillo, definen su identidad sonora con claridad. El “parapapa” de ‘We don’t have to dance’, seguido por la propia banda con gran hilaridad, quedará como uno de los momentos más memorables de la noche.

Pero algo destaca por encima de las melodías y los estribillos, el imponente bajo de Kendall Wooding; un portento sonoro majestuoso, tan contundente como elegante, que sitúa a la banda en un plano superior. Es para ACTORS lo que las torres y las gárgolas son para Notre Dame: una pieza esencial de su grandeza. Es el jugador que permite a tu equipo pelear por los títulos.

De una tacada sonaron hasta 5 temas de su Acts of Worship: La celebradísima ‘Love U More’, ‘Like Suicide’ y ‘Strangers’, entre ellas, y poco después se despidieron por primera vez, antes de alcanzar la hora de concierto.

La terna final fue una mirada al pasado y un viaje lleno de contrastes: primero, su canción más luminosa, ‘Post Traumatic Love’; luego, una de oscuridad abisal, ‘How Deep is the Hole’, antes de cerrar con ‘Face Meet Glass’, quizá su “gran canción”, y prometiendo su regreso el año próximo.

Es muy probable que esos nocturnos, que se retiraban entre miradas cómplices y sonrisas pícaras hasta perderse en la noche madrileña, encuentren mucho antes otro punto de reunión y adoración.

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Y.H.

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Redacción

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