El conjunto demuestra su solvencia en el escenario de la Sala Siroco de Madrid y conecta con un público entusiasta y juvenil

 

El rock and roll nació en EEUU en la década de los 50 como una forma de rebelión contra la cultura dominante y el conservadurismo social de aquellos tiempos. Esa reacción, que entronca con ese espíritu contestatario tan argentino, explica por qué el país albiceleste fue uno de los primeros en abrazar los nuevos ritmos.

El desarrollismo de las políticas del país permitió la penetración del sistema capitalista con gran celeridad a la par que generó una permeabilidad a la cultura proveniente del exterior, incluida la del norte del continente. En este sentido, el rock en Argentina tiene, desde sus inicios, un importante componente político, convirtiéndose en uno de los pilares de la resistencia anticapitalista.

La nueva corriente musical se desarrolló de forma rápida en simbiosis con el folklore y otros géneros propios de esas latitudes, creando un sonido muy particular que todavía se mantiene a día de hoy. En la segunda mitad de los sesenta, en simetría con lo que sucedía al otro lado del charco, este nuevo género devino en lo que se denominó “música de progresión nacional”.

El rock progresivo caló profundamente en la juventud del país hasta convertirse en la corriente principal y la base del rock latino que surgió en las siguientes décadas. Es música con sabor a barrio y el descaro, la picardía y la autenticidad de la calle.

Las bandas argentinas tienen un toque distintivo y un sonido común muy reconocible.

Dado el gran número de ellas que han asomado en la última década y la calidad de sus grabaciones, no sería descabellado afirmar que estamos en una segunda Edad de Oro. O quizá siempre ha sido así y algunos no éramos tan conscientes.

 

La Bestia en el escenario

Desde luego, Bestia Bebé, grupo del que no es la primera vez que hablamos en nuestra web, no es ninguna excepción. Formados en 2012, su estilo ha ido evolucionando de las guitarras más urgentes y canciones más ingenuas de sus inicios, al clasicismo majestuoso de Vamos a destruir, publicado a finales del pasado año y el cual nos están presentando en estos días en los que están girando por una buena parte de nuestra geografía.

En su paso por la capital demostraron la solidez y la consistencia con la que se emplean sobre las tablas

El tour actual los trajo a Madrid, ciudad que no visitaban por primera vez y, en su paso por la capital, con un doble sold out en las salas El Sol (domingo) y Siroco (martes) demostraron la solidez y la consistencia con la que se emplean sobre las tablas. En El Perfil de la Tostada fuimos testigos en la segunda cita.

Arrancaron con ‘El humo negro’, pasadas las nueve y media de la noche, ante un público entusiasta y juvenil, solventando enseguida algunas dificultades con el sonido e iniciando una batalla con el exigente micro de la Siroco (uno de esos que te saca los colores si no estás afinado) de la que salieron triunfantes a base de pundonor.

Dedicaron a su último trabajo nada menos que un tercio del recital. Es una mirada al pasado en el que se encuentran el rock más académico (como la mencionada canción de apertura o ‘el rock and roll pasó de moda’), himnos coreables como ‘Montevideo’, donde el virtuoso Marki Canosa se lució con esos punteos tan nerviosos como precisos, y la oscuridad de ‘Vamos a destruir’.

Recuperaron temas de sus inicios, como ‘Luchador de Boedo’, que conecta con el indie español de los 90, y ‘No me importa verte perder’, sobre la que planeaba la sombra de The Byrds porque la Bestia no oculta sus influencias: la de los Stones es más que evidente, pero también asoman los Beatles en sus pequeños coqueteos con la psicodelia; un flirteo sutil menos evidente que en otras agrupaciones compatriotas y coetáneas.

El concierto se mantuvo a un nivel medio/alto toda la noche, si bien el tramo final, con títulos más calmados como ‘El amor va a llegar’, ‘El descontrol’ parecían romper un poco el ritmo; pero ‘El verano’, de corte casi metalero, y ‘Omar’, acompañadas de los habituales pogos, caldeaban de nuevo el ambiente.

Tras algo menos de hora y media de actuación, se despidieron con ‘Wagen del pueblo’, de su homónimo debut, que mostró el orgullo de una trayectoria heredera de una tradición de raíces sólidas y profunda. El rock argentino, con abanderados como Bestia Bebé, es un valor seguro sobre el que apostar y, pese a los malos augurios, no es tiempo aún de vender la ropa.

 

Yago Hernández

Yago Hernández

Redacción