Eran las diez y cuarto de la noche cuando se abrió la puerta trasera del escenario y aparecieron iluminados por las luces del camerino cinco chicos que parecían no haber roto un plato en su vida, pero cuando sonó el primer acorde de “Fury Road” todo se transformó… como si las válvulas de sus “amplis” hicieran correr por sus venas todos los watios que pueden emitir y les hubiese invadido el espíritu de Billie Joe y Brian Molko juntos. Rubén puso la mira perdida en el infinito y comenzó a cantar mientras Pablo dejaba llevar sus movimientos poseído por cada golpe que asestaba a su bajo. Gran comienzo que provoca para quien les ve por primera vez en directo, como es el caso de un servidor, una gran impresión por lo que trasmite un acto tan sincero y porque demuestra que lo que allí arriba está ocurriendo no es una pose fingida sino un gran amor por lo que se hace.
Repasaron los vigueses su próximo trabajo mezclándolo con temas de sus anteriores discos, sin bajar nunca un ápice la intensidad aunque disminuyera el tempo del tema. Los juegos de voces, los cambios de textura entre Arturo y Rubén, hacen que algo les desmarque de un grupo del montón, lástima no haber podido disfrutar como se merecía de los teclados de Iván pero como ya hemos dicho antes, la acústica de la sala para grupos como ellos no es suficiente.
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| Fotos Inma Thelittle |
