Sidonie y El Columpio Asesino Noches del Botánico

 

Foto: Yago Hernández

Los navarros se empezaron a despedir de Madrid con su habitual determinación en un espectáculo intenso y con cierta nostalgia

 

Bajo un solo vespertino cuyos rayos todavía calentaban, el ciclo Las Noches del Botánico se vistió el pasado miércoles  con el traje del indie español para acoger a dos bandas señeras de larga y paralela trayectoria: Sidonie y El Columpio Asesino, que congregaron a un público numeroso, sin llegar al lleno total.

Este evento, que se ha convertido en un referente de la música en vivo en Madrid, se desarrolla en un escenario idílico en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII, un entorno de fantasía con un gran ambiente en el que -lo más importante- todo suena a las mil maravillas y se disfruta con la mayor comodidad. Lamentablemente, parece ser que la música es cada vez es menos relevante, como comentaremos más adelante.

Sidonie, el trío barcelonés formado por Marc Ros, Jesús Senra y Axel Pi, fue el encargado de abrir la tarde. Con una trayectoria que se remonta a 1997, Sidonie ha evolucionado desde sus inicios en el rock psicodélico cantado en inglés,  hasta abrazar un sonido más pop, sin perder su esencia.  De aquella época inicial apenas hay rastro en su repertorio, salvo por algunos cameos del sitar, al que todavía pasean por las tablas y nos hace recordar las ambiciones sónicas de aquellos tiempos.

Siguen siendo unos tipos divertidos con afán de que pasemos un buen rato con ellos. Ayer salieron al escenario con la ilusión de unos juveniles, desplegaron un arsenal de hits para comenzar (‘Fascinado’ entre ellos) y terminar por todo lo alto (‘El incendio’).

Tienen facilidad para conectar con el público, que corea con los brazos de alto ‘Un día de mierda’ (paseo mesiánico de Axel incluido) o ‘Estáis aquí’, pero el periodo valle de su setlist se hace demasiado largo y profundo. Cuando tocan su flamante sencillo ‘La matanza de Texas’ o ‘No salgo más’ la épica esperada no aparece y la respuesta del respetable es más bien tibia.

Aunque están lejos de su mejor momento y su falta de vigencia es evidente, todavía mantienen un buen puñado de incondicionales a los que intentan corresponder: su hora de actuación es una muestra de honestidad y pundonor, defendiendo un espacio cada vez más reducido para sus coetáneos.

©FerGonzalez (Noches del Botánico)

Por otro lado, El Columpio Asesino, originarios de Pamplona, han tejido desde 1999 un tapiz sonoro que fusiona rock, punk y electrónica, creando un estilo inconfundible. La falta de energía para componer nueva música y un cierto hastío les han llevado a tomar la decisión de dar el proyecto por finalizado.

La gira «Amarga Baja» tiene, por tanto, ese poso amargo del cierre de casi tres décadas de una carrera digna de elogio, en un discreto segundo plano más acorde con su actitud que con su talento y la calidad de su propuesta. Pero también les ha dado la oportunidad de cumplir sueños pendientes, como el encargo de cerrar la noche de ayer en un escenario que aún no habían pisado.

Las tres pantallas se iluminan con la sobria proyección dinámica del logo y el nombre del grupo mientras suenan los primeros acordes de ‘Babel’ se extienden por el Botánico y declaran que van a por todas. Si había alguna duda, se disipó pronto con ‘Ballenas muertas en San Sebastián’, ya un himno.

Se suceden los temas y se alternan los momentos más intensos e hipnóticos con otros más nostálgicos. De esta forma, suenan canciones como ‘Perlas’, en la que el propio Álvaro compagina sus labores de percusión con la voz y desafía nada menos que a Pucho (Vetusta Morla), que canta la versión grabada; la tenebrosa ‘Escalofrío’ y uno de los grandes momentos de la noche: Abraham Boba se subió al escenario para cantar la monumental ‘La marca en nuestra frente es la de Caín’ y despedirse al grito de “El Columpio es el puto mejor grupo del mundo”.

Fueron 90 minutos de actuación enérgica y precisa, que incluyeron hasta 6 bises (prácticamente todo el último tercio) con cierto espacio para sorpresas nada habituales en sus directos (‘Corazón en vivo’).

La única pega no es atribuible al grupo o la organización sino a una costumbre social indefendible, cada vez más extendida, de asistir a los conciertos como quien entra en un bar de copas, con el único ánimo de charlar y sacar fotos.

Es una costumbre importada de los festivales que lleva a mucha gente a pagar una cantidad considerable de dinero (mucho mayor que en un bar o discoteca) para luego permanecer, incluso, de espaldas al escenario.

Ayer tuvimos que lidiar con eso, pese a estar en las primeras filas de un concierto que no forma parte de un evento más grande, sino que es el acto por el que, teóricamente, has asistido. Inexplicable.

No se lo merece una banda excelente, entregada y que está ofreciendo una actuación sin mácula.

Por supuesto, el cierre al son de ‘Toro’, como suele ser habitual, concentró la atención en el escenario y las energías en vencer la fuerza de gravedad. Un clímax tan esperado como perfecto.

Este ciclo nos trae a Madrid, desde 2016, lo mejor de la música nacional e internacional. Y es todo un acierto que estas dos bandas que tanto se respetan y quieren (así lo manifestaron reiteradamente) compartieran escenario, aunque no lo pisaran juntas en ningún momento.

Muchos se despedirán de los pamplonicas en esas dos noches de La Riviera a final de año, pero unos cuantos les gritaron ayer “hasta la vista” y no se me ocurre ningún lugar mejor para hacerlo.

El Columpio Asesino - Noches del Botánico

©FerGonzalez (Noches del Botánico)

Yago Hernández

Yago Hernández

Redacción