Miles Kane Hombre Orquesta

 

 

El músico británico se presentó en la sala madrileña sin la compañía de una banda y ofreció un concierto tan intenso como corto.

 

Miles Kane es uno de esos herederos de la era dorada del rock alternativo británico de los 90 y principios de la siguiente. Su nombre va, inevitablemente, ligado a los Arctic Monkeys y, especialmente, a su líder, Alex Turner, con quien se lleva apenas 2 meses.

La historia comienza en 2007. Pese a su juventud, los “monos del Ártico” ya contaban con 2 discos y un gran éxito a sus espaldas. No olvidemos que fueron esa banda que, gracias a los medios digitales, iban lanzados hacia la cima antes de grabar su primer trabajo. Algo extraordinario en aquellos tiempos.

Se conocieron cuando The Rascals, la banda liderada por Kane, fue seleccionada para abrir los conciertos de la gira. Muchas horas en el backstage charlando, tocando y desarrollando ideas dieron lugar a un brillante proyecto paralelo, The Last Shadow Puppets, de aire retro y un sonido sorprendentemente adulto para unos veinteañeros.

Desde entonces, Kane ha emprendido una sólida carrera en solitario en la que la electricidad de las 6 cuerdas adopta el papel protagónico absoluto. Tanto es así que en One Band Man (Modern Sky, 2023), su disco más reciente, ha huido de teclados y secciones de vientos.

En su presentación en vivo, ha ido todavía más lejos y realiza la gira en absoluta soledad. Así, el pasado 7 de marzo, tras un rato de calentamiento a cargo de Ten Tonnes y su Stratocaster, se presentó en el escenario del Lula Club de Madrid. Sin banda y con pocos elementos escénicos además de las luces, portando una preciosa chupa de cuero rojo y una confianza en sí mismo rayana en la chulería.

Fueron poco más de 60 minutos de actuación tan brillante como desconcertante: por un lado, es justo reconocer que el epatado público que desbordaba (literalmente) la pista del Lula Club conectó desde el primer riff de ‘Troubled son’ y no cesó de cantar de forma enfervorizada durante todo el espectáculo.

 

La ovación de cierre fue, de hecho, de las más largas y atronadoras que se han escuchado en los últimos tiempos.

Sin embargo, a quien escribe le cuesta aceptar un concierto en el que la voz y la guitarra se acoplan sobre una grabación con el resto de instrumentos, que además, ni siquiera sonaba perfecta. Algo así como “hacer un Rosalía” en el rock. Un hombre orquesta sin instrumentos o, al menos, sin la mayoría de ellos. Por no mencionar la escasa duración del bolo.

Fue concierto corto y al pie, de un ritmo altísimo, aunque el valle semiacústico en el que se atrevió a versionar ‘Dealer’, de Lana del Rey, con su vagarosa melodía, amenazó con tirar todo por la borda. Pero fue un golpe maestro incluir otra versión, esta vez propia: ‘Standing next to me’, que forma parte de su repertorio con The Last Shadow Puppets.

 

La facilidad del de Birkenhead (pedanía de Liverpool) para las melodías y los himnos quedó patente del primer tema al último, ‘Don’t forget who you are’ con el que, sin bises, cerró su actuación por todo lo alto. Tanto, que pudo disfrutar de la ovación del público con el que hasta se hizo selfies durante varios minutos.

Las numerosas stories de Instagram que el propio artista publicó un rato después denotan que salió satisfecho y feliz de su triunfo.

Miles Kane es, sin duda alguna, de lo mejorcito que se puede escuchar hoy en día; un tipo de un talento indiscutible. Pero creo que todo el respeto que muestra por las raíces del rock que de forma tan sabia interpreta y actualiza, lo pierde al cantar y tocar sobre una grabación desnaturalizada.

Confiemos en que vuelva pronto, acompañado de una banda que haga verdadera justicia a sus canciones, haciéndolas volar y a nosotros con ellas.

 

 

 

 

 

 

Yago Hernández

Yago Hernández

Redacción