La capacidad de la banda para combinar e integrar estilos hizo las delicias de los asistentes a un concierto que superó las expectativas

 

Squid es una pujante banda de rock experimental británica formada a mediados de la década pasada en Brighton (Reino Unido). El quinteto, formado por Ollie Judge (voz, batería), Louis Borlase (guitarra, bajo), Arthur Leadbetter (teclados, cuerdas, percusiones), Laurie Nankivell (bajo, vientos, percusiones) y Anton Pearson (guitarra, bajo, percusiones), debutaron en 2019 con su EP “Town Centre”, una mezcolanza de géneros que incluyen rock, post-rock, noise, jazz y otra suerte de etiquetas que cada uno quiera incluir dentro de ese cajón de sastre en el que se ha convertido el maravilloso post-punk.

Desde entonces, han publicado dos trabajos de larga duración: “Bright Green Field” (2021), que alcanzó el cuarto puesto de las listas británicas, y “O Monolith”, publicado en este 2023 y que les ha llevado a embarcarse en un extenso tour con más de 50 fechas en Reino Unido, Europa, Estados Unidos e, incluso, Japón.

Así, tras actuar en Barcelona y Valencia en los días anteriores, el pasado sábado se presentaron en la madrileña sala Copérnico, que los recibió llena hasta la bandera, con la audiencia repartida por todos los rincones con visibilidad sobre el escenario.

El grupo salió a escena a las nueve y media de la noche y, tras un breve saludo en castellano y una intro musical de apenas un minuto, atacó las primeras notas de ‘Swing (in a dream)’, la pieza que abre también su último disco. Desde el primer momento, la banda demostró que estaba preparada para conquistar al público presente, con el que conectaron desde el primer momento gracias a un sonido contundente y una actitud de absoluta entrega.

Ollie Judge ejerce de líder sin restarle presencia a sus compañeros de escenario. Fuerza su característica voz rasgada más allá del límite, transmitiendo al público toda su emoción, a veces en exceso, en un ejercicio tan meritorio como demostrativo de que combinar la voz principal con la batería es un arte muy complejo.

El resultado del loable esfuerzo es, no obstante, bueno, y se realza gracias al resto de músicos, que ofrecieron un gran nivel tocando con maestría, creando una atmósfera de intensidad y emoción.

El sonido de Squid, si es que nos podemos referir a él en singular, exuda  una amplia gama de influencias provenientes de un igualmente variado rango de estilos. Ellos mismos citan como influencias a King Crimson, Neu!, Can, Talking Heads, The Fall y The Velvet Underground, pero cada oyente encontrará las suyas si aguza el oído. Por una vez, en una sala cuya audiencia se mostró respetuosa, ese ejercicio era posible.

El repertorio del concierto incluyó canciones de todos los discos de la banda, desde los temas más frenéticos y explosivos, hasta las canciones más introspectivas y personales, en los que la experimentación sonora se hacía más evidente.

Así, en una actuación que se alargó hasta los 80 minutos, pudimos disfrutar de canciones como ‘Peel St.’, de corte punk, mayor protagonismo de guitarras y estructura más cercana al rock tradicional; y otras como ‘Undergrowth’, mayor presencia de teclados e, incluso, ritmos de influencia hip hop.

La banda, que ha calcado el mismo setlist de 12 temas en los últimos conciertos de su gira, ofreció un recital pleno de virtuosismo técnico e intensidad, alternando sabiamente pausas y aceleraciones, mostrando dominio del ritmo del concierto y dejándonos a todos satisfechos de escuchar una propuesta diferente.

Experimentar implica probar cosas que no siempre salen bien, pero las pruebas del laboratorio musical de este grupo talentoso y claramente en progresión, muestran que tiene un futuro prometedor por delante.

 

Yago Hernández

Yago Hernández

Redacción