El ex-Genesis recreó Foxtrot de forma íntegra, celebrando sus 50 años, además de temas emblemáticos de su carrera en solitario

 

1970 es un año convulso para Genesis. Por un lado, han publicado su segundo disco, el primero en el que ya se adentran dentro del rock progresivo que los encumbró; por otro, han despedido a su tercer batería, y su guitarrista y fundador, Anthony Phillips, ha decidido abandonar, presa del miedo escénico.

En agosto de ese año, resuelven de forma definitiva las cuestiones de la percusión con la entrada de un tal Phil Collins, pero no terminan de dar con un guitarrista que encaje. Llegado el mes de diciembre, Peter Gabriel abre la revista Melody Maker y, en la sección de anuncios, uno llama su atención por su título: “An able accordionist” (un acordeonista competente). Nada tiene que ver con su contenido ya que quien lo publica… toca la guitarra… Es solo un ingenioso truco para destacar gracias al orden alfabético.

El texto del anuncio define a la perfección a su autor, Steve Hackett, y, posteriormente, una parte esencial del sonido del grupo durante los siguientes años: “Imaginativo guitarrista y compositor busca involucrarse con músicos receptivos, decididos a esforzarse por ir más allá de las estancadas formas musicales actuales”.

Este esfuerzo por ir más allá de lo convencional, así como la experimentación y búsqueda de nuevas direcciones han marcado toda la carrera del música que incluyen 7 discos con Genesis y más de 30 en solitario, tanto en estudio como en directo. Hackett fue el primer guitarrista de rock que empleó la técnica tapping y picking.

El músico, además de tocar temas y composiciones propias, reivindica con orgullo su etapa con los de Surrey en sus conciertos, tocando, incluso, discos al completo. En la actual gira, que comenzó el año pasado, homenajea Foxtrot (1972), un álbum fundamental ya que fue el primero de Genesis en alcanzar las listas de éxitos del Reino Unido, llegando al puesto número 12, y también tuvo éxito en Italia, donde alcanzó el primer lugar. El disco recibió críticas mayoritariamente positivas y contribuyó a establecer a Genesis como una de las bandas más importantes del rock progresivo.

De esta forma, con la puntualidad propia del británico que es, el pasado domingo por la noche, se presentó ante el venerable (en su mayoría) y expectante público advirtiendo que el show tendría dos partes; la primera, centrada en su carrera en solitario y la segunda, con las “cositas de Genesis” (vítores del respetable).

Aunque he de reconocer que en los últimos tiempos la mejora del sonido de La Riviera es importante (ignoro si han realizado alguna reforma o cada vez llegan técnicos de sonido más hábiles), para aquellos que ya tenemos una historia con la sala en estos eventos, siempre produce un poco de inquietud. En este caso, no solo fue impecable desde las primeras notas salidas por los altavoces, sino que rara vez alguien habrá escuchado algo tan potente y nítido en esos lares.

Abrió el fuego con ‘Ace of bands’, también el primer corte de su seminal trabajo en solitario, ‘Voyage of the Acolyte’, considerado por muchos fans como el álbum perdido de Genesis, grabado cuando todavía era miembro de la banda, y en el que colaboran sus entonces compañeros, Collins y Rutherford. Las notas del solo de su Fernandes Goldtop Les Paul, perfectamente entretejidas en las de la frenética sección rítmica, en un ejercicio coral de trabajo en equipo, sin que bajo, batería o guitarra se pisen entre sí. Una constante en toda la noche.

Durante esta primera hora del show, sigue el viaje por sus temas más emblemáticos, como ‘Spectral mornings’ o ‘Camino royale’, antes de regresar a ese viaje del acólito para cerrar el círculo con la sección final de ‘Shadow of the hierophant’; intensa y melódica a partes iguales, su punzante solo penetra debajo de la piel y recorre el cuerpo hasta salir por el lagrimal cuando lo acompañan los teclados, las campanas y el redoble del tambor en un crescendo infinito.

Tras un breve receso de apenas 15 minutos, todavía con la carne de gallina, la piel se eriza aún más al escuchar los acordes que emulan el mellotron original de ‘Watcher of the skies’, con el que comienza ese homenaje a ‘Foxtrot’, que recrea de principio a fin y en riguroso orden. Cuando termina ‘Supper’s ready’, la pieza favorita de casi cualquier fan de Genesis, alguien grita “la mejor suite de la historia” y no le falta razón. El complejo puzle musical, de más de 20 minutos de duración, contiene hermosos pasajes, compases imposibles y una épica incontenible que alcanza el cénit en su penúltima sección, la celebérrima ‘Apocalypse in 9/8’.

Genesis la tocó por última vez hace más de 35 años, sin Hackett, en la primera parte de la gira del que, irónicamente, fue su álbum más comercial y más cercano al pop. Resulta, por tanto, emocionante escucharla recreada por parte de uno de sus compositores.

Como cabría esperar, la enfervorecida respuesta del público retuvo a una banda en retirada por un rato, regresando para terminar la noche con otras dos de las canciones míticas del revisitado grupo, ‘Firth of fifth’ y ‘Los Endos’, entre las cuales todavía nos deleitaron con un largo solo de batería.

Habían pasado 2 horas y 40 minutos desde que salieran a escena, y poco más podíamos exigir. Tan solo agradecer, de la forma más entusiasta posible, tamaño esfuerzo. Es lo mínimo que se merece un músico de esa talla que, acompañado, además, de intérpretes de calidad y técnica exquisitas, sabe conjugar la celebración de su enorme y prolífica carrera en solitario, con el respetuoso y digno homenaje a una relativamente corta, pero fundamental etapa en grupo, que satisface la nostalgia de sus fans.

A juzgar por la mención del artista en Twitter al día siguiente, es posible que lo hayamos animado a volver por aquí. Los fans irredentos de Genesis, que también lo somos de él, le esperamos con los brazos abiertos y los oídos bien aguzados.

 

Yago Hernández

Yago Hernández

Redacción