En un concierto con pista abierta, sin distancias y mucho bailoteo, los granadinos se presentaron en la capital catalana con su último disco Espacios Infinitos.

Este último año Lori Meyers ha elaborado un meticuloso recopilatorio de temas genuinos, optimistas y fieles al estilo que la banda lleva luciendo desde su Viaje de estudios, hace casi 20 años.

Presentaron canciones muy trabajadas y con letras llenas de significado, desde ‘Punk’ a ‘Fatiga pandémica’, siempre dispuestos a ‘Hacerte volar’ por el ‘Viento del Norte’, que no fue suficiente para dejarnos fríos con los últimos temas que, aunque se han hecho mucho de rogar, si todo acaba por llegar no hay razón para estar esperando, como dice ‘No hay excusa’, uno de los últimos sencillos.

Vivimos un trayecto fluido que intercaló canciones de la nueva era con clásicos como ‘Planilandia’, ‘Tokio ya no nos quiere’ o unas ‘Luces de neón que, tras la apertura disfrutona de un nuevo ‘Presente’, enloqueció a los asistentes sin excepción.

Noni, con la energía y humildad que le caracteriza, no tardó en bajar el primer peldaño del escenario para interactuar directamente con las primeras filas, abrazando a los devotos, sintiéndose todavía más cerca de un público ansioso que emanaba adrenalina y sed de festival.

Hablamos a voces y con el corazón con las delicadas ‘Luciérnagas y mariposas’, alzamos las manos a modo de devotos feligreses saliendo de nuestra ‘Zona de confort’ y aunque no lo decidimos bailamos sin cesar sabiendo que ‘Siempre brilla el sol’.

Uno de los grandes momentos de la noche fue cuando el grupo entonó las primeras notas de ‘Emborracharme’ y el público entonó el Empiezo a quererte del principio, que dibujó una sonrisa de felicidad, imposible de disimular, en el rostro del cantante. Siguiendo la canción al pie de la letra, todos cogieron una copa para acompañarnos con vino y brindar con las primeras filas con la solemnidad que el tema se merece.

Tras una corta pausa e insistencia de los presentes, Noni y los teclados de J.J. emularon el momento íntimo del directo, pero el resto de la banda no tardó en personarse y trasladarnos a la pista de baile con el musicote de un ‘¿Aha han vuelto?’ que sin descanso empalmó con el gran desfase de mi mundo que es ‘Mi realidad’.

Aunque visiblemente sudados, descamisados, agotados y hasta con un breve fallo de micro, sacaron fuerzas para ‘Un último baile’ y la guinda ‘Alta fidelidad’, que estiraron con toques flamencos y al compás de unos palmeros incansables.

Sin duda una actuación completa que, además de contar con una espontánea que, tras saltar al escenario para abrazar al batería se llevó las baquetas de regalo, no defraudó las ‘Carreteras infinitas’ de Sidonie: tocaron Lori Meyers y saciaron nuestras ganas de bailar.

 

Sònia Sáez

Sònia Sáez

Redacción