Un grupo de artistas aragoneses denuncian la paralización de eventos musicales en toda la zona. Los más afectados: los grupos emergentes de la zona y las salas que albergan estas actuaciones.

«Últimamente en la comunidad de Aragón ha habido una serie de inspecciones de trabajo en salas de conciertos donde tocan grupos emergentes, y se han impuesto multas altísimas por no estar dados de alta en la Seguridad Social». Así comienza su denuncia un grupo de músicos de Aragón. En los últimos 4 meses, prosiguen, «ha habido una serie de inspecciones de trabajo en pequeñas salas de conciertos de Zaragoza» con capacidades de 80-120 personas. Tras estas inspecciones, afirman, «se han impuesto multas desproporcionadas para estos pequeños lugares, de hasta 1.800 euros», cantidad que consideran inasumible, afirma Andrés Villalba, uno de los promotores de la queja. Para intentar revertir la situación hacen un llamamiento a la ciudadanía y para ello han abierto una recogida de firmas a través de la plataforma Change. La petición intenta lograr 1.500 firmas, de las que ya han conseguido más de 1.300.
Ante esta situación de inspecciones y multas, las salas han decidido «suspender la programación, y muchísimos grupos, e incluso algún festival pequeño, como YROCK, han tenido que, o suspender los conciertos o eliminar la taquilla, para que al no haber retribución, no se hable de una relación laboral». Tanto para grupos emergentes como para salas, «los 20-30 euros que cuesta la cotización diaria es totalmente inasumible», prosigue Villalba. Y lo ejemplifica: «para 2 bandas, que son aproximadamente 10 músicos, supondría un desembolso de 200-300 euros, a lo que habría de sumarse los gastos de alquiler de sala, que pueden ser 100-150 y de los de SGAE, que ascienden en ocasiones hasta a 120 por espectáculo». En resumen, denuncian la amalgama de gastos que impide que su labor cultural sea económicamente rentable.
«No tenemos ayudas, no tenemos medios de difusión efectiva de nuestra música, no llevamos grandes marcas que patrocinan nuestras giras, y aún encima las instituciones nos lastran. ¿Como vamos a pedir a nuestros amigos, que conforman el 90% de nuestro público, que paguen 7-10 euros por entrada cada vez que quieran vernos tocar? Sencillamente, no somos Melendi ni Mägo de Oz, van a conseguir matar la cultura», se queja Villalba, componente del grupo aragonés Alma Animal.
La solución que entre todos han consensuado es la posibilidad de «crear una federación, similar a las deportivas, en las que por medio de un pago anual en concepto de seguro, que sea una cantidad razonable y proporcionada, podamos tocar sin riesgo a que se nos eche encima el Ministerio de Hacienda», informa Villalba.