Levitants triunfaron en la Sala B de Madrid con un concierto vibrante, confirmando su evolución hacia rutas más accesibles, sin perder energía
Aún faltan unos minutos para la hora prevista y las caras de sorpresa en el acceso a la sala no dejan de aparecer. Miradas de extrañeza y móviles que salen de los bolsillos para consultar la hora una vez más. En el escenario, Disciplina Atlántico, banda que no aparecía en el cartel, ha tomado el control, sorprendiendo a los asistentes.
Pero el quinteto madrileño, con siete años de trayectoria y un par de discos largos en su haber, arrojan rolas llenas de energía y distorsión. Algunas más cercanas al showgaze y otras aceleran hacia el punk, enganchando a buena parte de los presentes.
El resultado, no obstante, es un tanto irregular, con momentos de gran calidad y otros que producen una cierta desconexión. Nada extraordinario cuando toca calentar el ambiente para el acto principal. El conjunto, sin embargo, demuestra tener cosas muy interesantes.
La Sala B., con capacidad para 300 personas, no está completamente llena; es probables que el número de entradas puestas a la venta esté limitado. Una enorme -por ancha- y desafortunada columna en la parte central, cerca del escenario, reduce notablemente su visibilidad restando puntos a la experiencia en un recinto, por otro lado, atractivo, acogedor y, sobre todo, una acústica excelente.
Así percibimos esto último cuando los vallisoletanos Levitants salen a escena y suenan los primeros acordes ‘La Ventana’, perteneciente a su segundo álbum, Futuro Inmediato, y el local cobra vida. El público se va animando, algunos con las palmas, otros moviendo la cabeza mientras va subiendo la temperatura.
Sin embargo, el cuarteto parece incómodo en estos primeros compase con lo que les llega por el retorno. A pesar de ello, su audiencia está disfrutando desde la primera nota. Continúan con ‘Sofisticado’, publicado a finales del pasado año como prematuro avance de su siguiente largo, y nos presentan ‘Visionario’, que llegará a las plataformas antes de que termine el mes corriente.
Con ‘Paladines de occidente’ cierran un arranque que no les deja satisfechos. Pero el mundo de la música en vivo -y quizá el del arte, en general- las percepciones del respetable son, a menudo, la medida del éxito. En esta ocasión es para bien Levitants conectan con los presentes, recordándonos que el arte cobra su máximo sentido cuando, en ese proceso tan intrincado, se establece ese vínculo intangible entre el escenario y los oyentes. Aunque, a veces, suceda bajo el radar de la conciencia del intérprete.

El espectáculo continúa hacia su siguiente fase, abandonando el idioma cervantino. La banda nos invita a un viaje y con ellos tomamos un ferry hasta la costa británica para recuperar su aclamado debut, Enola (Suberfuge, 2019). La oscuridad pospunk toma el espacio con un combo que engloba ‘Suicide’, ‘Red Lines’, ‘Coimbra’ y ‘Enola (M de llorar)’. De repente, estamos situados en el centro de un triángulo imposible con temas que son un cruce incestuoso entre Joy Division e Interpol, y una voz que recuerda por momentos a Tom Smith (Editors).
Algo más tarde recuperan la hipnótica ‘Kolmanskop’, que a algunos nos trajo el dichoso y bendito algoritmo de plataformas como Spotify, antes de dar paso al momento mágico de la noche: ese punto culminante en el que Sergio Isabel pasea en solitario su guitarra acústica entre nosotros. Con ella y una poderosa voz se basta para que ‘Oeste’ y ‘Nuevas Metas’ le den una pátina de plasticidad a un momento que se aprecia auténtico, en contraposición a esos prefabricados que tan de moda se han puesto en otros grupos.
La banda regresa para la eléctrica traca final con la siempre avasalladora ‘Adelante’, seguida de ‘Seres de luz’ y ‘Nuevas generaciones’ que cierra un concierto de altura. El sonido fue impecable, destacando esas guitarras envolventes y el lustre de un bajo primoroso y diferencial.
Levitants, ya sin el “The” de sus inicios, está consolidándose como de las propuestas mas atractivas de la escena alternativa española. Han unido fuerzas con Carlos Hernández Nombela y, de su mano, transitan desde la profundidad abisal del pospunk hacia un rock alternativo más canónico, pero sin renunciar a sus tintes sombríos y a las densas guitarras que son su seña de identidad.
El concierto del pasado viernes 18 de octubre fue un reflejo perfecto de la trayectoria de Levitants: un proceso creativo cocinado a fuego lento, lleno de humildad y exploración sonora. Su resistencia a las fórmulas manidas que aportan más fama que gloria les ha permitido crear un sonido distintivo que, sin duda, seguirá evolucionando.
Ya nos han dado algunas pistas de ello. Las suficientes para invitarnos a seguir acompañándolos en ese crecimiento. ¿Te vienes con nosotros?
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Y.H.
Redacción