Zahara en Gijón. / Oscar Lafox Fotógrafo

 

El pasado sábado el cantante de Navarra se abrió en canal ante un Auditori del Fòrum a reventar.

 

Dentro del Festival Guitar BCN, no sólo presentó las canciones de su último álbum El miedo y el paraíso, también hizo un repaso de los éxitos de años anteriores, desde temas que se gestaron en el Magia & efectos especiales del 2012, hasta el trabajo que cerró la etapa de la banda que lo lanzó al estrellato.

El patio de butacas estaba sembrado con una cosecha de trípticos en los que Mikel relataba el viaje que estaba a punto de empezar. Una voz en off nos iba anunciando la llegada de los diferentes bloques que se fueron vistiendo de un juego de luces paseados por todos los registros de pantone.

 

‘El miedo’ y ‘La gula’ telonearon el inicio del primer capítulo, antes de que el cantante pudiera darnos las buenas noches. Tras augurar, en un catalán perfecto, que iba a ser un evento increíble, Mikel se sentó en un rincón provisto de sofá y lámpara tenue que simbolizaba su casa, para empezar la historia de cómo había llegado hasta allí con un «Posarem llum a la foscor», la mítica entradilla de la serie Crims de Carles Porta.

No todo iba a ser miedo, también repasó canciones que le han hecho feliz en estos últimos años, pero con una producción diferente, en linea con la sonoridad que ahora le representa más. ‘Pánico práctico’, ‘Inercia’, ‘Despedida’ en version pseudo-tecno y ‘La Increíble historia del hombre que no podía volar pero no sabía como’ cerraron el primer bloque, dando paso a ‘El grito’ que ayuda a sacar todo ese miedo que tenemos dentro, algo que el cantante explicó que había conseguido con este disco.

El público empezó a levantarse des del primer momento, bailando temas como ‘La rabia’ o la versión discotequera de ‘El pozo’, y se sentaba en alguna canción puntual o cuando Mikel volvía al rincón hogar, que confesó haber montado para poder sentarse y coger aire. En ese momento íntimo que consiguió crear ante miles de personas, contó que estando en la mierda más absoluta, se escapó de la ciudad para para escribir canciones, lo que supuso un combustible de la vida llamado ilusión.

 

Tras la declaración «La vida es como Juego de Tronos: hay unos cambios de guion acojonante», la voz en off presentó el siguiente bloque, presidido por un ‘Meiuqèr’ con los músicos concentrados en medio del escenario a modo de invocación, pasando de meigas a coro de gospel con ‘La verdad’, que los dejó fundidos en un abrazo.

Habló de la ruptura con Izal y de ‘Lo bueno’ de las relaciones que se acaban. También de lo acojonado que estaba en julio del año pasado cuando, tras 2 años de grabación y elaboración del disco, lo lanzó en solitario. Pero para su sorpresa, el público le devolvió ‘La fe’.

‘Pequeña gran revolución’ y ‘El baile’, que hizo que se paseara por las gradas, fueron el amago de fin de concierto, pero sabíamos que tocaba llegar a ‘Copacabana’, ese lugar ‘Qué bien’ donde siempre deberíamos estar como ‘La mujer de verde’ que merece disfrutar de ‘El paraíso’.

Sin duda fue un viaje cuidado con un mimo excepcional, una apertura en canal y catarsis personal que pocos conocíamos y Mikel compartió en un gesto de generosidad y valentía más que notable.

Sònia S.

Sònia S.

Redacción