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Foto: Instagram de la banda

La vuelta de Standstill a los escenarios, más cerca que nunca

En 2015 Standstill se separa. La noticia sonó a vajilla rota en la cocina, se sintió como el frío que entra al instante de ponerte una chaqueta.

Con nueve trabajos en una horquilla de años que van desde 1998 a 2016, Standstill ha vivido en la crisis permanente. Crisis creativa y crisis a nivel de banda.

El mismo Enric Montefusco, su creador, se sinceraba en una entrevista a El País en 2015: «ha habido un montón de equilibrios muy difíciles de sostener, en los que se han tenido que dar muchas circunstancias para solucionarlos. Me parece un milagro que se hayan dado y hayamos ido superando los malos momentos».

En 2023 anunciaban que vuelven en 2024. Fue una noticia que tuve que leer varias veces, es esa clase de incredulidad naïf que surge cuando llevas tiempo esperando algo que cuando llega no te lo crees del todo. Y después, fui directamente a escuchar el ‘Adelante, Bonaparte’, enterito, varias veces. Adrenalina en vena.

Varios festivales van a tener en sus filas a este quinteto barcelonés. Algunos expresaron en redes su desilusión porque no reapareciensen en salas, el caso es quejarse. Siempre.

Vivimos en un país inconformista, donde no llueve al gusto de todos, parece. Es muy difícil acertar pero el denostado formato festival va a funcionar muy bien para reconectar con esta banda undergroung que ha estado aislada durante todos estos años aunque no olvidada y representada en los magníficos trabajos en solitario de Enric Montefusco, Elvira (el proyecto de Piti Elvira) y Egon Soda (el grupo liderado por Ricky Falkner, ojo a ‘Bellaurora’, que reseñamos tras su salida).

Los inicios hardcore y post-hardcore de la banda con los álbumes ‘The Ionic Spell’ (2001) y ‘Memories Collector’ (2002), vinieron precedidos de la demo ‘Progress self-destruction’ y  el mini LP de debut ‘The Tide’, de la que se han reeditado 500 copias en formato vinilo.

En las canciones de ‘The Tide’ se marca un camino en el desarrollo de la música underground nacional. Había mucho metal, más oscuridad y menos luz, y donde Standstill comienzan a construir su impronta.

Toda esa desmedida rabia que salía de las letras de ‘Angelica’ o ‘Naked Money’ torna hacia el indie desde que decidieron abandonar el inglés para cantar en castellano.

Standstill (2004) fue el primer álbum de los restantes que completan la etapa caracterizada por mostrar el mundo interior de Montefusco.

 

Cambiaron hacia el rock alternativo sin abandonar los rebel yells en sus guitarras (‘La Vieja Gibelina’) y les quedó un álbum con claras intenciones de pretender ocupar un lugar entre los indies de la época.

La calidad de sus melodías se hace palpable cuando les llega el turno a ‘Feliz en tu Día’, ‘G.M.’, ‘Poema nº13′ o ’88:88’, cierre con ese riff desde el minuto dos y medio que les eleva a los altares.

 

Con ‘Vivalaguerra’ (2006) auto editaban por primera vez (su productora a esta altura del camino es Buena Suerte) y es, quizá, este hecho revelador el que explique las sendas tan libres que transita el disco, a todos los niveles.

Se atreven a romper el molde, es un grito donde dejan dentro de su campana de cristal la claustrofobia y salen a pasear sus demonios, sus oscuros pensamientos en ‘1,2,3, Sol’: cuando me siento mal pienso en la imagen que tienes de mí cuando veas quién soy. También rompen el hastío de aguantar el tipo y se sincera(n) consigo mismo(s) en  ‘La Mirada de los Mil Metros’: y así saldré más ligero, ya sin miedo, y cogeré aire, necesito aire.

La voz que infunde Enric clama paz en cada corte del disco, estratégicamente imaginado y acabado a base de distorsiones y coros que perfilan aún más si cabe la plegaria.

Montefusco y Falkner, producen el mejor disco del grupo hasta la fecha (con permiso de Bonaparte).

 

Cuatro años de silencio y vuelven con la vida de B. Otra vez Montefusco en primera persona, aunque decida dar el protagonismo a B.

El cosmos de ‘Adelante, Bonaparte’ (2010) tiene una ambición muy medida. Cada canción te cuenta a ti, oyente, un capítulo de la vida de este personaje que te es escandalosamente familiar. Y cada disco (está dividido en tres) es una etapa de vida.

Configurado como un álbum conceptual, sigue correlativamente las diferentes etapas vitales. Es un diario cantado.

Los rayos de sol de la niñez en ‘Hombre Araña’ y adolescencia en ‘Cosquillas No’ contrastan con la borrosidad de ‘El Resplandor’ en la etapa de depresión para terminar con rayos de luz otra vez en el epílogo, creado con tanto mimo, ‘Canción Sin Fin’ porque…la vida sigue, y hay que vivir.

 

Te puedes mirar en el espejo y reconocerte en este disco. Cuenta algo universal, pero pararse en los aspectos únicos de la historia, saber leer entre líneas el sufrimiento o la felicidad que sólo le pertenecen a B. sí que es para nota.

Este disco es el reflejo en el que se mira la carrera en solitario de Montefusco. Es su constante, y B. bien puede ser también el idiota del título de su último álbum ‘Viaje al Centro de un Idiota’ (2023).

‘Dentro de la Luz’ (2013) sonaba a despedida, a cierre. Volvían a su álbum homónimo pero con mucho de lo aprendido en su último disco.

Recogieron toda esa calma, toda esa sabiduría que da el haber estado cavilando sobre tu vida, sobre lo importante para purgarse uno mismo y salir.

Es una reconciliación con lo que ya no puede ser, o no puede estar, o no se pudo solventar. Resuena a ecos perdidos superados.

‘Si vieras’ tiene una de las letras más hermosas de toda la carrera de esta banda que ha decidido volver, por un ratito solo (quién sabe si más) ya que no han anunciado material nuevo, para mover de nuevo sus vasos y sus cucharas y agradecernos la fidelidad que les profesamos.

 

La primera parada es en la primera edición del festival Antioxidante, no sin antes hacer un pre-estreno en la sala Moon de Valencia el 2 de mayo.

 

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Lorena M.

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Redacción