Entrevista con Zahara

‘Amadora’ es una y son muchas, es una respuesta afirmativa. Tulsa vuelve reinventada

Miren Iza ha estado dos años creando y dando nombre al dolor, que es uno de los temas indiscutibles de este disco, su séptimo ya. Apenas quedan dos días para que llegue el 24 de noviembre, la fecha en la que ‘Amadora’ estará en tu casa.

Fueron tres los  adelantos en forma de single publicados a lo largo de este año 2023 y su versión en forma de obra de teatro, junto a la dramaturga María Velasco, estrenada en Madrid hace escasos días lo que conocíamos, de momento, de este proyecto dedicado a las mujeres y su dolor supurante. La música es la prueba de que podemos reinventarnos a pesar de la pesada carga de la herencia y del daño.

’Amadora’ es un disco soberbio, una caricia punzante pero sanadora porque transitas el dolor agarrada a Miren, no te suelta.

Conocí a Tulsa por su single ‘Matxitxako’, un poco tarde, lo sé, pero después recuperé el tiempo perdido. Hace unos días me cité con ella en un bar del barrio de Embajadores en Madrid y, aunque no llegaba tarde, ella ya estaba esperándome fumando un cigarrillo en la entrada del local. Tras unos minutos que sirvieron para acomodarnos y pedir unas bebidas empecé, nerviosa, esta entrevista que se antojó cortísima, pues Miren es encantadora y una gran conversadora, amante del cine, de la poesía, y admiradora de Emily Dickinson y de las obras de Angelica Liddell y Chantal Maillard.

Se ha hecho una señora pero se cuestiona el querer serlo. Tiene la sabiduría que dan los años y el temple para sobrellevar los pequeños dolores vitales que pinchan de vez en cuando.

Cada disco te lo tomas como si fuese el último de tu carrera, pones mucho de ti en cada uno. ¿Por qué te llevas tan al límite siempre?

Sí, digamos que es porque tengo una idea de que cuando haces un disco luego no sabes, y lo respeto mucho, si volverá una idea tan potente como para tirar del hilo y hacer otro disco. Necesito trabajar, también, un poco para quitar presión de esa manera. Creo, también, que hay mucha dignidad en dejar de hacer las cosas, dejar de escribir, dejar de componer si no tienes una idea, te ayuda también a afrontar lo próximo, en realidad. Es una forma de quitarte presión aunque no es una estrategia, es una cosa que yo siento muchas veces. Y en este disco que es tan conceptual y que ha llevado una obra de teatro asociada, casi más, o sea, mi cabeza está completamente ahí aunque me gusta pensar que habrá una continuidad, claro, pero no estoy ya con otra idea clara de disco.

Decías ahora que hay mucha dignidad en dejar de hacer las cosas, que no pasa nada por no hacer…Aunque en la sociedad en la que vivimos si no eres productivo, en el mundo de la música igual pasa más, como que no…

¡No existes!

¡Exacto!

(Risas). Sí, es un poco eso. Por ejemplo, Vila Matas tiene un libro que se titula ‘Bartleby y compañía’ y hace un repaso por todos los escritores que dejaron de escribir muy pronto, o sea, que es como una especie de oda a la agrafia, a la no escritura, aunque a lo mejor siguen siendo escritores pero no hay una publicación. Por ejemplo hay un caso reciente que es Víctor Erice que se le ha, más o menos, reprochado que haya estado tantas décadas sin hacer una película pero él ha seguido siendo cineasta, ha seguido trabajando en el cine, pensando la vida en cine, y podríamos haber tenido esta película que ha hecho…o no, y habría seguido siendo cineasta. Creo en eso sobre todo, creo en que aunque yo no haga discos voy a seguir en la música de alguna manera aunque sea más…silenciosa (risas).

Me viene a la cabeza ahora J.D. Salinger, quien dijo «hasta aquí», no publicó más ni dio más entrevistas, siguió escribiendo para él mismo.

O Rimbaud, o Emily Dickinson, una poeta maravillosa que no publicaba, entonces, no tiene nada que ver con los ritmos editoriales lo que es la identidad íntima de cada cual.

 

Has mencionado la obra de teatro. ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con María Velasco?

Ha sido una de esas veces raras, una fantasía que toma forma porque yo tenía la idea del disco conceptualmente, tenía el personaje que quería contar, pero me parecía un tema suficientemente complejo como para que sintiera que se iba a quedar un poquito corto en diez canciones, por ejemplo, o en un formato disco y soñaba con llevarlo a otro ámbito, más de la literatura, más del cine o del teatro y en este caso, a través de conocer a María, leerla primero con fricción, conocerla y contarla esta idea y que se enrolara y empezáramos un trabajo conjunto de armar esta especie de descripción o esta suma de preguntas, porque al final es lo que hemos hecho las dos: ella se ha hecho sus propias preguntas, las ha llevado a escena dirigiendo ella ¡eso que quede muy claro! porque parece que la obra es una cosa mía y la dramaturgia es de ella, el texto es de ella, yo la he podido decir alguna cosita pero era su terreno y el mío era el terreno musical.

Y ha sido muy bestia y feliz, también, en el sentido que llevamos con esto año y medio (desde que la conocí más o menos), entonces me parece un tiempo corto para una cosa de esta envergadura donde no han habido grandes abandonos, han habido momentos de duda, de zozobra pero ha habido una continuidad con una meta que era el Festival de Otoño y de repente todo ha ocurrido. Muchísimos proyectos se quedan en el camino, que también están bien, un poco al hilo de lo que decíamos antes, y éste ha ocurrido.

El otro día me emocioné mucho en El Canal porque fue ver la escenografía, el material, donde estaban las actrices encarnando y dando voz a ese personaje que hemos ido soñando ha sido muy emocionante.

Son tres actrices pero es la misma mujer, ¿no?.

Sí, es el mismo personaje. Habla de polifonía con diferente complexión física, diferentes voces, diferentes personalidades, que es muy bonito eso porque son como diferentes dimensiones de un mismo personaje: una es más punky, otra es más irónica, otra más calmada, más frágil…

¿Has puesto la personalidad tuya en alguna de ellas ahora que has dicho lo de punky?.

No. Bueno, yo me identifico más con la punky, con Celia Bermejo, pero mi personaje, que también tengo un personaje en escena, es uno que está en otra dimensión diferente. Es una especie de abstracto que trata de contaminar, de intoxicar a Amadora y llevarla a otro sitio, una especie de operadora de cambio, algo así.

 

¿Vais a proyectar más fechas a futuro para girar la obra de teatro?

Yo creo que habrá más fechas sí, aunque no sé si la vuelta a Madrid será fácil.

Tu anterior trabajo ‘Ese éxtasis’ indagaba en las relaciones interpersonales, ‘Yo no soy Penélope’ es la elegida para cerrar ese disco e inicias ‘Amadora’, tu nuevo disco, con ‘Tacones Lejanos’. En este tránsito de dos años entre un disco y otro me ha parecido interpretar una continuidad aquí, porque las dos son mujeres valientes, determinantes. En ‘Tacones Lejanos’ hablas a tu madre en estos términos: no soy lo que tú esperabas pero es lo que me ha salido y aquí estoy.

Sí, sí, total, no lo había liado con eso. Algo que se apunta al final de ese éxtasis que es ‘Yo no soy Penélope’ es donde estamos, estamos un poco ahí, por fin, en separarse del deseo ajeno sobre todo, de que muchas veces nos desdibujamos en los deseos de los demás y desatendemos el deseo propio, entonces ahí sí que hay un vínculo justo con esa canción porque ‘Ese Éxtasis’ era un disco muy de pérdida, de estar al otro lado, en el desvío pero sí, es bonita esa conexión que has hecho, algo latía ahí ya ¿no?.

Además me pregunté si conscientemente las habías dejado una para el final y otra para el principio de cada disco.

No ha sido consciente, ¿ves? por eso las entrevistas molan. No es consciente pero tiene sentido pensar que había algo latente, sí, está muy bien.

Con la que más conecté fue precisamente con ‘Yo no soy Penélope’ del anterior disco. Me gusta que ahora tengamos esa voz las mujeres para reivindicar todo el tiempo que hemos estado calladas.

Eso es.

“Ahora cuando hay una queja de «¡ay, qué pesadas otra vez con sus cositas», lo siento, no lo leas si no te interesa pero nosotras lo necesitamos.
A mí me gusta mucho leer a mujeres porque también siento.»

Y ahora ellos tienen ese miedo ¿no?.

Bueno, no me importa si ellos tienen ese miedo o no, cada uno lo gestionará como pueda pero sí que hay una conciencia gracias al feminismo que hay muchas historias que no se han contado, muchas historias nuestras que están ahí esperando que se cuenten. Entonces, bueno, ahí hay un montón de discos que hacer y canciones que escribir.

Estamos muy presentes, se habla de nosotras, me viene a la cabeza el disco de ‘Puta’ de Zahara…

No es que se hable de nosotras, sino que hablamos nosotras, esa es la diferencia, que somos sujeto y que hay que ser consciente de que no eres objeto sino sujeto que cuenta y que desea y es muy importante. Creo que claramente hemos desatendido el deseo propio muchas veces y siempre pendientes de si al otro le ofende, como lo mira… Entonces, cuando tú eres el sujeto que mira y que cuenta pues ahí hay un montón de narradoras que la historia se ha perdido ¿no?, y que ahora cuando hay una queja de «¡ay, qué pesadas otra vez con sus cositas», lo siento, no lo leas si no te interesa pero nosotras lo necesitamos. A mí me gusta mucho leer a mujeres porque también siento y con esta avalancha he sido consciente de la carencia de voces femeninas que había, de historias de mujeres.

Hemos empezado un poco a hablar a raíz de que se ha expuesto en los medios, en las redes sociales, eso nos ayudaba a nosotras. Y ves que a cada una, en mayor o menor medida, nos ha pasado algo.

Sí, sí, sí, como que te culpas, lo llevas un poco con vergüenza, pero es una cosa de muchas.

‘Amadora’ está dedicada a nuestras madres, a las mujeres a las que nos íbamos a parecer todavía más a partir de los treinta y tres, citando a María Velasco. Es como si llegase un momento en el que nos reconocemos en nuestras madres, abrazamos esa imagen y decimos «ahora entiendo todo lo que has pasado, todo ese silencio, toda esa culpa interna»?

Bueno, es un intento de conversación, también, con otra generación. Ahí cada una lo lleva a su ámbito personal. En la obra, María lo ha llevado a su mundo con su madre, etc, yo quizá no tanto, mi madre está más desdibujada en todo esto pero sí que hay esa generación con la que yo quiero mantener una conversación. Esa generación que también en la mía todavía veo que hay cosas que se arrastran en el sentido de que sigue pesando muchísimo esa carga, María lo explica muy bien, es una carga disfrazada de instinto, que parece que de manera natural estamos por instinto diseñadas para atender, para cuidar, para, por supuesto, maternar y estar a disposición de todos los demás sin pensar en el coste que tiene eso, que tiene un coste clarísimo.

En este caso ‘Amadora’ cuenta que el coste estalla en un dolor muy masivo y muy difícil de tratar.

El primer single que fue ‘No quiero hacer Historia’ refleja la personalidad del disco, esa identidad, esa entidad de estas mujeres o señoras que decimos. La frase solo quiero que me veas tú, que reconozcas lo que hice es super potente, a las mujeres se nos ha dado por hecho ese rol que hemos tenido de cuidadoras y duele realmente que se nos de por hecho, no nos valoran, no nos agradecen.

Es conjunta, creo, la responsabilidad es de todos, porque existe esta coherencia entre madres e hijas, hay una especie de transmisión invisible del mandato de cuidar, de ser abnegada, de anular la queja también, esa especie de santidad que nos imponen.

Por tanto es difícil, cuando tú lo tienes tan internalizado, desprenderse de esa identidad que está ahí y que se asocia a ser una buena mujer. Todo ese cambio que supone desprenderte de esa identidad, bajarte de ese carro de la bondad, también es doloroso, también requiere hacerse preguntas incómodas, y a veces cambiar los entornos, cambiar el rol, que lo coja otra persona (porque los roles están flotando y tú eres quien los agarras), quitártelo y decir: «esto no va conmigo, sigo siendo una buena persona» por decirlo en términos un poco simplistas. Es un poco eso, parece que para ser una buena madre, buena mujer, etc. tienes que estar pendiente de los deseos de los demás.

«Estamos contando un personaje que está hecho de muchas mujeres y proyecciones propias pero no literalmente.
O sea que, hay miedos propios y escondidos, miedo a ser Amadora, miedo a no serlo».

Poner ese dolor, del que estamos hablando, en canciones ¿te ha llevado a tu pasado propio?

No porque lo veo en el día a día, lo veo a mi alrededor.

Por tu profesión ¿no?

Sí, y porque está en la sociedad y a nada que mires un poco todos lo podemos ver. Entonces, no nos estamos contando a nosotras, que es un conflicto nuestro, estamos contando un personaje que está hecho de muchas mujeres y proyecciones propias pero no literalmente. O sea que, hay miedos propios y escondidos, miedo a ser Amadora, miedo a no serlo. He trabajado con material propio en el sentido de que me he hecho una señora y como señora me pregunto ¿qué estoy cumpliendo del precepto que me dieron? ¿qué no estoy cumpliendo? ¿quiero serlo? ¿no quiero serlo?. O sea, el conflicto propio está ahí y tiene que ver también con que cuando te haces una señora, en general las señoras son un poco objeto de chiste, no se les toma en serio y se les invita a apartarse casi del espacio público, entonces a mí me parece súper potente cuando una señora sigue ahí como Angelica Liddell, como Chantal Maillard, como Christina Rosenvinge.

Cuando yo misma tengo dudas de la legitimidad de seguir, mi parte rebelde dice «pues claro que sí, tienes que seguir porque te van a pasar cosas diferentes y son dignas de ser contadas».

¿Un poco reivindicar eso?

Yo cuento lo mío, no tengo un afán de reivindicar cosas o preguntas que me hago y cosas que necesito resolver en canciones o investigar en canciones que es mi manera de investigarlas. Me quedo tan ancha (risas). Con este trabajo me he quedado bastante satisfecha también porque lo he compartido con el productor que es Ángel Lujan, con hombres que están a mi alrededor que el tema les ha tocado también y les veo que se hacen preguntas, les veo que con la obra se han emocionado muchísimo, que ellos mismos no lo esperaban, identifican a su alrededor, piensan en su madre, en este tema que tenemos sobre la mesa.

Otra de las frases del disco que es brutal Si yo no tengo amor que ofrecer, es un grito de socorro ¿no? ¿Desde cuándo está ese dolor? ¿Cuándo has necesitado contarlo?

Es un momento muy triste de disociación. No lo quiero personalizar en mí porque aquí adopto la primera persona pero cuenta precisamente la historia de muchas mujeres. Esa canción, que es ‘Una parte de mí’, cuando tú estás pendiente más del deseo de los demás que del tuyo llega un momento de que te pierdes como persona. Entonces, una parte de mí ya no está aquí porque yo ya no soy la niña que podía soñar con hacer una cosa determinada, atreverse a hacer cosas y de repente el deseo de los demás va condicionando su vida y ya no se reconoce en esa joven, niña que fue, que se ha quedado por el camino, que no se ha desarrollado porque de repente como han invadido la vida y la identidad en el deseo de los demás. Eso es lo que significa esa canción y la única salida es la disociación, es decir, una parte no existe y ya no me llamo de la misma manera, es lo que pretende ilustrar esa canción. Entonces, cuando todo el mundo llega y se lleva un pedazo de esa Amadora ¿qué queda de ella? Jugar con eso de nombrar las cosas y nombrar a las personas hasta que a lo mejor pierden la identidad y les tienen que cambiar el nombre.

Perder la identidad ¿lo explicas también desde el punto de vista del miedo al abandono en una pareja, por ejemplo?

No, no del mido al abandono, es el miedo al abandono de una misma. Con María (Velasco) he estado de acuerdo en que en este caso la pareja, Joaquín, no tiene un papel protagonista, es más bien un ajuste de cuentas con ella misma y Joaquín puede ser un personaje común, una persona que está ahí, que la sociedad lo ha llamado marido y hay un reparto de roles muy claro, un reparto de roles que ha sido muy rígido durante mucho tiempo.

A veces recurrimos a los medicamentos como primera opción porque a lo mejor preferimos estar anestesiados a enfrentarnos a nuestros propios mido, traumas. ¿Haces un poco de crítica en este sentido en ‘Cuando venga el león pálido’?

En esa canción digo me mecerá en sus brazos el diazepan, el tramadol me susurrará. Los fármacos alivian dolores muy a corto plazo pero no ayudan a que haya una transformación consciente del deseo otra vez. Es como un parche. Con estos dolores muchas veces caemos en ese tratamiento de parches porque no hay tiempo, o porque está muy bloqueado el lenguaje, lleva mucho tiempo bloqueado y es difícil articular el malestar en el lenguaje habiendo solo una expresión física del dolor porque está muy embrollado. Los fármacos por un lado ayudan pero por otro enmascaran y anulan el grito, que el grito es muy necesario para salir de una determinada situación.

De todas las referencias y estilos del disco el que más me ha llamado la atención es el krautrock de ‘Santamártir’, ¿por qué lo escogiste?

La intro es del himno de Santa Águeda, que es muy popular en el País Vasco y estuve un fin de semana encerrada en casa, me acuerdo, para hacer esa base de ‘Santamártir’ y estuve escuchando Can, que es un grupo de krautrock muy mítico alemán y sale de ahí directamente. Buscaba cierta violencia en los sonidos, cierta visceralidad, no quería un disco pusilánime, quería que el disco tuviera aristas, trabajo mucho con los opuestos también, me voy de ‘Tacones Lejanos’ que puede ser disney a una cosa más violenta que en realidad podría haber sido más violento pero también tengo un límite en eso.

 

¿Cómo fue la colaboración con David Rodríguez en ‘La Estrella’?

Con David Rodríguez y Betacam íbamos a hacer un grupo musical, teníamos varias canciones ahí y una de ellas era ‘La Estrella’ porque David me mandó una base, que es una manera de componer interesante, y de ahí tenía que hacer toda la melodía y los cambios dentro de una cosa que es un marco rígido, que a veces para crear es muy útil tener indicaciones. Una canción que iba a ser para otro proyecto al final ha quedado en éste. Cada proyecto está formado de cosas fallidas previas y ésta es una de esas.

Por  cierto, la intro de ‘La Estrella’ me ha parecido chulísima.

¿Si? ¿Te ha gustado ese momento? Me alegro.

Sí sí, es una imagen visual muy potente, te mete en la canción.

¡Que bien!, me alegro. Sí, a mí me gusta mucho el cine y esto es como llevar el imaginario, te puedes imaginar algo tan prosaico como un grifo y ruido de platos y alguien en su soledad del hogar apelando a Morente y su estrella.

En ‘024’ hay atisbos de pensar en el suicidio. ¿Qué es lo que todavía no has hecho y te apetece hacer en tu vida?

Algunas cosas que están ahí pero que no voy a hacer pero que he pensado en hacer como vivir en Francia, por ejemplo (risas), cuando vas cumpliendo años te das cuenta que la potencia no es eterna, vas quemando fases y dices «no va a ocurrir esto», a lo mejor no voy a tener hijos, no va a ocurrir que pueda estudiar cine…¿sabes?.

Pero estás bien con ello, ¿no? ¿Lo has aceptado?

Bueno, ahí ando. Son pequeños dolores que están ahí siempre y hay que lidiar con ellos, es fuente de arte y creación.

‘Amadora’ es tu segundo trabajo autoeditado. ¿Qué destacas positivamente de la autoedición?

La libertad total, sobre todo. También tiene un coste que en realidad es más solitario. Nadie te marca los tiempos para bien o para mal. Pero en general es más positivo, es un trabajo que hacen los sellos que ahora mismo con los medios que tenemos se puede hacer aunque necesitas dinero para la grabación, eso sí.

 

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Lorena M.

Lorena M.

Redacción