El festival madrileño cumplió su quinta edición lanzándose a la Caja Mágica como nuevo recinto, donde albergó uno de los conciertos festivaleros más multitudinarios que se recuerdan por aquellos lares

En su habitual propuesta que trata de aunar lo más granado de la música latina, como puente entre España y Sudamérica, el cartel de este año ya nos daba a entender que el salto –con red- iba a ser cuanto menos significativo.

Y es que, si hace unos años fue Bad Bunny (aun en la antesala del fenómeno actual) el reclamo principal del festival, la propuesta de su retorno en 2022 no se quedaba corta, teniendo como protagonista principal en este caso a un artista español en el mayor esplendor de su popularidad, como es C. Tangana, además del mainstream reacomodado a los festivales de Dani Martín, y la apuesta solvente de Residente para coronar la jornada del sábado.

El mismo viernes antes del plato fuerte del fin de semana pudimos disfrutar del nuevo espectáculo de Zahara. La Puta Rave de la cordobesa es descaradamente lo que le apetece y le da la gana hacer en este momento de su carrera, y lo cierto es que se lo merece.

A la espera del lanzamiento de su nuevo disco de versiones, Reputa, Zahara visita su último álbum desde la mayor desinhibición, en una prolongación eterna de lo que antes eran simples pasajes de sus conciertos. Acompañada de sus inseparables Perarnau y Cabezalí, disfrutamos del baile, del cante, de los samplers, y las reinterpretaciones de un repertorio en el que no faltaron grandes temas de su última etapa como ‘Taylor’, ‘Joker’, ‘Ramona’ o el combo final para reventar la pista gracias a ‘Merichane’, ‘Hoy la bestia cena en casa’ y la definitoria ‘Berlin u5’

Mientras la rave se diluía poco a poco, la marabunta se empezaba a agolpar –nunca mejor dicho- en el escenario principal, donde el protagonista del viernes haría su aparición ya entrada la noche.

He de reconocer que no recuerdo un nivel de fanatismo como el vivido el pasado viernes por un artista nacional desde hacía muchos años, y es que para bien o para mal, C. Tangana se lo ha ganado, principalmente gracias a su último y archiconocido trabajo: El madrileño (2021). Su efervescente popularidad es respetada por el señorío de edad adulta, por los indies cabreados, por las modernas de pueblo e incluso por la adolescencia enfervorecida, aunque tengo que reconocer que la media de edad parecía no descender de la treintena desde mi posición.

Dato importante a la hora de analizar técnicamente un show, que, si bien es ambicioso y espectacular a partes iguales, el enclave no terminó de favorecer el mismo. En esa eterna sensación de quedarte a medias, pudimos disfrutar a rabiar de una producción fascinante, como si de una retransmisión televisiva de primer nivel se tratara, a la que par que sufríamos de una escasez de potencia sonora difícil de asimilar.

Y es que, a lo que parece convertirse en la nueva moda del consistorio madrileño limitando la potencia de los festivales capitalinos, se sumaba el cántico atronador de 27.000 personas, y la sincera propuesta de Pucho de “sin cantar ni afinar tour”.

Ahora bien, igual que todo el ladrillo anterior parecía desprender cierta crítica, nada más lejos de la realidad en cuanto al festival o el artista. La combinación del escaso sonido y una entusiasmada masa de público se convirtió un coctel complicado de tragar.

Aun con todo, El madrileño se hizo hueco en su ciudad para brindar un espectáculo, insisto, sobresaliente. Alrededor del tiny desk que media España ha imitado en cada cena de navidad, y con su ejército de fantásticos colaboradores, disfrutamos de una parte inicial centrada en los aromas tradicionales de ‘Te olvidaste’ o ‘Cambia’, pasando por exitazos de vanguardia como ‘Comerte entera’ o ‘Demasiadas mujeres’, el flamenco de ‘Me maten’, ‘Ingobernable’ combinado con el medley de ‘Noches de bohemia/Corazón partío’, la rumba de ‘Los tontos’, saltando sin vacilar al trap de ‘Tranquilísimo’ o ‘Llorando en la limo’.

Para despedir la noche volvimos aturdidos a su último y majestuoso disco, para abrirnos en canal con temas como ‘Nunca estoy’, la magistral ‘Tú me dejaste de querer’, cerrando el círculo con la palpitante ‘Antes de morirme’ y el concierto con la semilla de este gigantesco proyecto: ‘Un veneno’.

Para un sábado mucho más liviano y disfrutable en cuanto logística y afluencia se refiere –y destacando la buena organización del Rio Babel durante los dos días a los que pudimos asistir- nos quedaba disfrutar de otro de los platos principales del festival.

Con la luz del verano madrileño aún como protagonista hizo acto de presencia en el escenario Residente para regalarnos un concierto sobresaliente y agradecido de forma recíproca entre el artista puertorriqueño y un público deseoso de ritmos latinos, rap y baile.

Y aunque todo lo que rodea a René puede resultar populista, prefiero asignarle el concepto popular, en el sentido amplío de la palabra. Desde su personalidad y predisposición ante la opinión pública, como en lo que a su música se refiere, que es a lo que hemos venido aquí.

Sin tiempo para dar el primer sorbo a la cerveza, arrancaba el concierto con la verborrea desmedida de ‘BZRP Music Sessions #49’. Digno ejercicio de rap, con un mensaje franco de empoderamiento, reivindicación y crítica de un star system al que, enorgullecido, declara no pertenecer. Un sistema con nombre y apellidos que no puedes dejar de escuchar, y menos en directo.

Continuaron sucediéndose cortes reguetoneros como ‘Flow HP’, sumergiéndonos en el universo Calle 13 con temazos como ‘Atreve-te-te’, ‘Baile de los pobres’, ‘P’al norte’ o la embriagadora ‘Muerte en Hawaii’ para terminar de enamorar a un respetable entregado a la causa que proclamaba residente en cada una de sus palabras.

El bueno de Residente no dejó de divulgar respetuosamente sus acertadas –por qué no decirlo- consignas sociopolíticas, mientras seguía escupiendo canción tras canción, apoyado en el soberbio sonido de la banda que lo acompañaba para encarar el bloque final de su concierto contra el imperialismo de la mano de ‘Latinoamérica’, ‘This is not America’, el sonido cumbiero de ‘No hay nadie como tú’ y el funk latino de ‘Vamo a portarnos mal’ para despedirse de Madrid.

Para seguir atravesando el continente americano y la nostalgia del pueblo español, nos dirigimos al oeste para recibir con honores a los incombustibles Molotov.

Con su habitual y derrochador sonido de guitarras pesadas, la banda mexicana ofreció un notable concierto, en el que destacaron, como en otras visitas a nuestro país, los cortes de su primer e histórico álbum ¿Dónde jugarán las niñas? (1997).

Un trabajo con el que se dieron a conocer en todo el mundo, donde su mezcla de rock duro, punk y rap caló hondo entre un público que coreó a pleno pulmón temas como ‘Gimme tha power’, ‘Mátate teté’, ‘Chinga tu madre’ o ‘Puto’.

Así nos despedimos de una nueva edición del Río Babel. Un festival con una propuesta sonora bien establecida, y con un salto de gigante que pretenderá repetir el próximo año, tras el éxito –sobre todo de números- de este 2022.

Iñaki Molinos

Iñaki Molinos

Redacción

Fotos Low Festival

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