Foto de archivo: Javier Portillo

El pasado viernes Mäbu presentó su último disco Un año después en la íntima sala Barts Club de Barcelona

El dúo entró por el pasillo, armado solo con sus voces y sus guitarras entonando un “Dos horas” en acústico que dejó la sala muda, mientras que toda la física y la química de “A solas” rompía con la timidez dando paso a los coros del público. 

Ya con todos los instrumentos enchufados, “Fantasmas” fue el precedente de las cuatro estaciones que dividen este año de Mäbu. El verano suele relacionarse con luz y alegría, pero también hay soledad y los momentos muy tristes de “Antes y después”. Paseamos por los días, semanas y meses del último trabajo de los bilbaínos a través de “En Navidad”, “Santos y demonios”, “Mi mala suerte”, “Utopía” o la “Serendipia” que tanto acompaña los procesos creativos de la letrista.

No faltaron canciones de estos casi 15 años de carrera musical, como “Paralelo”, “Buenaventura”, “Con mi Voz”, “De negro y amarillo” o “Quédate a dormir”, para la que pidieron colaboración del público, dando, a quien no supiera la letra, 3 minutos para aprenderla, pero la mitad del tiempo que tengo venía estudiado de casa.

Un concierto repleto de anécdotas, complicidad, ternura y la cercanía que caracteriza a la pareja. Mientras Txarlie hacía unos ajustes, María bromeó que Mabü se caracteriza por sus silencios incómodos y que por eso no salen en los 40. 

La pandemia ha tenido impacto en el último álbum, lanzado en dos precuelas a modo de EP’s antes de ver completamente la luz, el pasado noviembre. En abril del 2020 les llamaron por si tenían una canción positiva para animar un anuncio, “así como enteramente optimista no”, confiesa María entre risas que contestó a su discográfica. De todos modos prepararon una propuesta, que aunque no la cogieron acabó siendo “Hay una luz” que inauguró el teclado rojo que presidía el escenario.

Otro de los momentos emotivos fue la interpretación de “Piel”, canción original de Juan Carlos Calderón y famosa por la interpretación de Estibaliz y Sergio, miembros del mítico grupo Mocedadesy progenitores de la cantante. “Es un temazo, porque no es nuestra”, bromeó ella, mientras lanzaba sin éxito una tímida invitación a su hermana, que estaba ahí presente, para cantarla juntas.

Mäbu no hace bises, pero sí regala canciones de cierre, con un ejercicio de asertividad fruto de la naranja que se pudre por dentro de la “Terapia” y un delicioso amor de litoral de “Los amantes”.

Un directo de pequeño formato, aforo limitado y cercano en el que el grupo se movió con soltura, luciendo esa técnica milimétrica y fantasía de modulaciones vocales que caracterizan el dueto.

Sònia Sáez

Sònia Sáez

Redacción