Foto de archivo: Javier Portillo

El trío barcelonés desplegó su habitual arsenal de guitarras y ritmos endiablados que hizo vibrar sin descanso al público madrileño.

Lo que antaño era un gran rato de disfrute musical en directo, hoy se ha convertido en una prueba de obstáculos difícil de superar en muchos casos. A la ya aburrida coyuntura sanitaria hay que sumarle la sobreoferta de conciertos en la capital –la cual parece no haber hecho más que empezar-, y con todo ello pudo el pasado viernes Mujeres en la mítica sala La Riviera de Madrid.

La banda barcelonesa pisaba por primera vez un feudo de semejante envergadura en cuanto a aforo se refiere, y aunque algunos dudáramos de su poder de convocatoria, no hizo falta más que un minuto de bolo para confirmar que no solo se trataba de la cantidad sino más bien de la calidad y entrega de lo que se nos venía encima. Tanto por parte de los de arriba del escenario como de los que aguardaban con entusiasmo en la pista.

Ante una sala totalmente llena, los barceloneses sacaron a relucir su repertorio habitual de rock and roll y garaje tan clásico como alternativo, tan celérico como pasional, y tan bailable como coreable. Una de esas mezclas que parece tan fácil de ejecutar desde fuera, pero un espacio en el que pocas bandas se manejan con la frescura y descaro con que la que lo hacen Mujeres.

En un vendaval de adrenalina constante, el respetable respondió al instante a la llamada del frenesí, gracias a un recorrido por sus dos últimos discos y otros tantos EPs publicados en los últimos cuatro años, que arrancó temas como ‘Siempre eterno’, ‘Cae la noche’, ‘Un gesto brillante’ y un cuasi infinito carrusel de intensos cortes de tres minutos que no daban tregua ni descanso.

Para ello, Pol Rodellar, bajista y comentarista a tiempo parcial, se encargaba de amenizar la noche con sus ingeniosos y delirantes comentarios. Con el tiempo justo y necesario para no hastiar al personal y dejarles tomar aire, volvían a la carga con un bloque central glorioso donde sonaron sin descanso temas inmensos como ‘Tú y yo’, ‘Besos’, ‘Vivir sin ti’ o ‘A veces golpes’, para volver a la calma con ‘Algo memorable’ -de su último LP-, y donde también hubo hueco para visitar ‘Rock y amistad’ o ‘Un glorioso año’, de su último EP.

Canciones con una importante carga emocional, que parecen camuflarse entre los punteos de Arnau, el ritmo furioso de Yago o los pogos de un público más que partícipe en el ritual, pero que han terminado por calar tremendamente entre sus adeptos, más temprano que tarde.

La apoteosis final de ‘Un sentimiento importante’, y ‘Al final abrazos’, con las Cariño como invitadas de lujo, sirvieron de aperitivo para un cierre sobresaliente.

‘Aquellos ojos’, como clásico imprescindible de la banda, ‘Romance romántico’, como clásico contemporáneo, y la versión de ‘No volveré’ de Kokoshca para poner el broche definitivo a una noche que, con seguridad, marcará un nuevo hito en el camino de Mujeres hacia…no sabemos dónde.

Y es que, quizás, este sea uno de los secretos que han hecho crecer sin descanso al grupo barcelonés: altas dosis de humildad y trabajo, y no tan altas expectativas, más allá de disfrutar y hacer disfrutar con su música.

Iñaki Molinos

Iñaki Molinos

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