Tras el sold out del dúo Hidrogenesse el viernes, el del sábado fue un lleno guitarrero

Son tiempos de estrecheces para el sector musical, sin duda uno de los más afectados por la pandemia. En este contexto, de escasos ingresos y mucha incertidumbre, se agradecen iniciativas como Sala Barcelona —fruto del trabajo colaborativo de la Associació de Sales de Concerts de Catalunya (ASACC) y el Institut de Cultura de Barcelona (ICUB)— que, entre el 2 de julio y el 30 de agosto, programa alrededor de 60 conciertos. A falta de salas de pequeño formato, donde todavía parece lejano poder reunir poco más de unas decenas de personas, el Pati d’Armes del Castell de Montjuïc se ha convertido en el escenario elegido para retomar la actividad musical.

Tras meses sin pisar una sala o la arena o el asfalto de un festival, la subida hasta el Castell fue incluso emocionante. Al aire libre y con un aforo reducido a 400 personas, la entrada al recinto fue ágil y cumplió con las medidas de seguridad a las que obliga la mal llamada nueva normalidad: acceso escalonado con acomodadores, mascarilla obligatoria hasta llegar a la localidad asignada, sillas y mesas perfectamente dispuestas y alejadas entre ellas, etc. Una vez dentro del recinto, servicio de mesa y nada de aglomeraciones en la barra. Quienes extrañan la música en directo saben que este es el peaje que tienen que pagar, al menos por el momento. Pese todo, hubo sold out, como ya había ocurrido la noche anterior.

Todavía bajo un cielo iluminado, a las 21:15h, Medalla arrancaron con “Cuello isabelino”. Sí, claro, fue un arranque extraño. Acostumbrados a pogos y primeras filas en estado de ebullición, esta vez era más probable terminar acribillados por los mosquitos que estamparnos contra un cuerpo empapado en sudor. Sin embargo, las ganas de directo, tanto del público como de los músicos, contribuyeron a ir diluyendo el ambiente enrarecido de los primeros momentos.

Para Medalla fue un concierto doblemente especial. No solo volvían a tocar después de casi medio año de inactividad sobre un escenario, sino que se trataba del último bolo para el bajista, Benoît García, que abandona la formación para centrase en su otro proyecto, Diamante Negro, que comparte con Lucas Méndez y Pol Folguera.

Sonaron sobre todo temas de su segundo (y homónimo) álbum, Medalla (El Segell del Primavera, 2019). A medida que anochecía, el público iba desinhibiéndose poco a poco e incluso hubo algún sector que se atrevió a levantarse y corear algunas de las letras. Pocos se fueron para casa sin haber entonado al menos el “Hacienda somos todos” de Devoto Cardenal. También hubo tiempo de rescatar a algunos cortes de su primer trabajo, Emblema y poder (El Segell del Primavera, 2017), como “Murciélago”, “Navaja certera” o “Deporte en vano”, con la que se despidieron tras una hora que pareció durar cinco minutos. Durante ese lapso, se hizo de noche, los murciélagos tomaron el relevo de golondrinas y gaviotas en el cielo y pudimos comprobar que Medalla pueden guiñarle el ojo al pop todo lo que quieran, pero su lengua afilada y capacidad de propinar puñaladas siguen ahí.

Tras una breve pausa, The Zephyr Bones tomaron el escenario. Eran las 22:40h y la oscuridad ya arropaba todo el recinto. Un colorido juego de luces sirvió de catalizador para iniciar el viaje al que nos invitaban las cuatro piezas que conforman la agrupación barcelonesa con alma chilena. Eso sí, una de las piezas era una cara conocida, pues Marc López volvía a subirse a la batería tras haber tocado previamente con Medalla.

Desde que Jossip Milkenko vocalizó dulce y melancólicamente “Your eyes on the sunset…” (frase inicial del tema “Hurricanes”) se podía sentir el entusiasmo de la banda al estar tocando en directo por primera vez después de casi ocho meses. Seguidamente fue el turno de “Los Cocodrilos”, canción que data del 2015, pero que han sabido acicalar para darle más fuerza y contemporaneidad. Lo mismo ha pasado con varios temas de Secret Place (La Castanya, 2017), se nota que se sienten más cómoda tocándolos y les han añadiendo más olas a su mar sonoro.

Aquella noche fue el momento ideal para presentarnos algunos temas nuevos que formarán parte de su próximo álbum (¡por fin!). Llevan hablando de él desde hace varios meses en sus redes sociales y han aprovechado para pedirnos paciencia porque pronto será publicado. Surfeando estas olas que nos tomaron por sorpresa, hemos podido comprobar que ese sonido beach wave, etiqueta musical con la que se autodenominan, ha ido añejándose con los años y nos acerca por momentos a una psicodelia más contundente pero siempre dejando pasar esa suave brisa marina que los caracteriza.

Si hay una canción que nos hacía especialmente ilusión escuchar era “Weird Summer”, editada en 2015, pero que puede ser tomada como un presagio del verano que nos toca vivir en este 2020 de pandemia. Se acercan a los 60 minutos de concierto y la agrupación da un efusivo agradecimiento a la organización por hacer posible este encuentro y al público que se ha atrevido a acompañarlos, cerraron con “Telephone” seguida de “Secret Place”.

A pesar de la experiencia un tanto aséptica, lejos de los pogos y la vocíferación grupal, el sábado pudimos disfrutar de nuevo de dos de las bandas con mayor potencial de la escena barcelonesa.

Ana Conesa

Ana Conesa

Redacción

Nica Estrada

Nica Estrada

Fotografía y redacción