La banda norteamericana desplegó en la sala Joy Eslava de Madrid su cuidado y genuino sonido en su versión directo, en un concierto algo descabalado que dejó numerosas pinceladas de genialidad del cuarteto y alguna gota de excentricidad de su líder Adrianne Lenker

A nadie se le escapa que Big Thief vive en un universo propio, alejado de cualquier fórmula resabiada por las normas habituales de la industria musical. Uno de los indicadores de esta afirmación está en la decisión de publicar dos álbumes completos en un solo año (2019), y para más inri, y aquí está la calve de toda la pasión que están empezando a levantar los de Brooklyn por todo el mundo, dos de los mejores discos de la cosecha que acabamos de dejar atrás.

U.F.O.F.y Two hands son dos piezas de orfebrería. Cada una con sus maetices, pero a un nivel técnico y emocional difícil de alcanzar, y más de un solo grupo, y más en un mismo año…y por eso mismo muchos de los presentes (entre los que me incluyo) esperábamos ansiosos paladear bastantes de los cortes pertenecientes a los estos discos.

Pero ese no era el plan de Adrianne Lenker y los suyos. De esta manera, arrancaban el concierto con tres tonadas -desconocidas- íntimas y pausadas, respetadas al extremo por un público que en esta ocasión si sabía a lo que venía y para lo que había pagado su entrada. El singular funcionó a las mil maravillas para captar la atención del respetable, y aún quedaba mucha noche por delante -o no-.

El sonido exquisito de la sala y la maravillosa técnica instrumental de cada uno de los miembros de Big Thief era pura narcosis que comenzó a tornar en una borrachera de distorsión y medios tiempos que rozaban el climax de manera constante y con los que Lenker extremaba su delicada y desgarradora voz hasta alcanzar la mayor de las emociones con temas como “Shark smile” – con inconfundible aroma a Wilco-, la sobresaliente “Shoulders” o la descomunal “Not”, antes de volver al formato más intimista con “Paul” de su seminal trabajo Masterpice.

Las piezas elegidas para presentar U.F.O.F. en directo correspondieron a “Contact”, que entremezcló a la perfección su faceta más sosegada con la histeria vocal y distorsionada de su parte final, y la belleza folk de “Cattails”, elegancia y autenticidad endulzadas con el juego de voces final y la base acústica de la guitarra principal.

A pesar de los bandazos en cuanto al ritmo del concierto y el repertorio del mismo, el concierto transcurrió sobre una nota media alta hasta su parte final, donde el liderazgo de su vocalista quedó patente, convirtiendo esta virtud en defecto en la recta final de la noche. Tras la ejecución correcta y algo agarrotada de temazos como “Masterpiece” o “Forgotten eyes”, arrancaron con un nuevo tema hasta en dos ocasiones -sin llegar a finalizarlo- que no terminó de convencer a Lenker, ante la atónita -y casi temerosa mirada- de sus compañeros.

Con otra desconocida canción -sí, una más-, y el cierre definitivo de “Mary” se llegaba al final de los 75 minutos de concierto ante la división de opiniones sobre foso. 

Y es que el universo de Big Thief es particular y con infinitas posibilidades. Talento, emoción y caos hacen de la banda neoyorquina una de las -mis- principales referencias en los próximos años, siempre y cuando cuiden los finitos detalles, necesarios para cubrir el expediente.

Iñaki Molinos

Iñaki Molinos

Redacción