Asistimos al concierto del cantante sueco en la sala BBK para presentar su último disco ‘Bury the hatchet’

Por Gorka Martín
En una siempre acogedora Sala BBK y ante un casi completo aforo en el patio de butacas, se presentó Johanson con un tímido «Good evening!» empezando con ‘I love him so’, de su anterior disco ‘Opium’ (2015), para enseguida ir presentando su flamante trabajo ‘Bury the hatchet’ e ir alternando temas con otros de su carrera.
Al inicio se escuchaba una pequeña reverberación de fondo, que posteriormente lograron corregir los técnicos de mesa para que este formato trío hiciera gala de su fama de buen directo labrada con el paso de los años. En algún pasaje instrumental, Jay-Jay , entre trago y trago de agua, aprovechó para presentar a sus fieles acompañantes: Magnus Frykberg con su estilo sofisticado a la batería y Erik Jansson sentado al piano, teclado y demás cacharrería electrónica. Toda una trayectoria juntos hace que la banda vaya bien engrasada, con gestos y miradas cómplices entre los músicos.
Sincronía que, unida a la emotiva voz del cantante sueco, arrancaron al en un principio tímido respetable un mayor número de aplausos y reconocimiento a medida que transcurría la actuación. Siendo más ovacionados y esperados los temas de su primera etapa, quizá por estar tan reciente su último trabajo, que, claramente, cumple las expectativas.
Acompañaron unas visuales muy curiosas y variopintas durante la actuación: suburbios, procesos de fabricación de embutidos, imágenes en constante rebobinado y los más convencionales parajes naturales. Me pregunto qué relación pueden tener con una temática que más bien versa sobre desamor, una curiosa mezcla sin duda.
Después de unos noventa minutos de actuación entre el set general y un bis de cuatro temas con una bonita despedida compartiendo teclado a cuatro manos entre Erik y Jay-Jay, el publicó despidió con una cerrada ovación a Johanson, quien bajó al patio de butacas a saludar.