La versatilidad ha sido la cualidad por la que el Festival Internacional de Benicassim se ha caracterizado desde hace mucho tiempo. Sin embargo, ha sido este año cuando ha hecho alarde de tal esencia en exceso, a pesar de las malas críticas que recibió su cartel antes de comenzar el festival: probablemente no concebíamos cabezas de cartel tan alejados del britpop y tan cercanos a aquello que el resto de festivales no suelen contratar. No obstante, todo ello significó una mayor atracción de público internacional y una falta de monotonía.

A pesar de ello, la organización no mejoró en aquellos problemas que, a estas alturas, permanecen: falta de sitios libres en el camping (y de sombras), líneas de autobuses con media hora de retraso o que ni siquiera llegan, robos masivos durante todo el festival (sería necesario reforzar el sistema de seguridad), o unos escenarios montados sobre un suelo de tierra en el que difícilmente se podía respirar. No obstante, el mayor error, probablemente, de esta edición, fue el horario de las actuaciones: The Maccabees solapados con Mac Demarco, The Kills con Muse o Biffy Clyro con Jamie XX fueron aquellas por las que el público más se lamentó. Si bien es complicado que en un festival con tanta variedad dos de los grupos que te gusten coincidan en diferentes escenarios a la misma hora, es preferible que coincidan aquellos de género musical más diferenciado y, por consiguiente, diferente fanatismo.

Aun así, la asistencia al evento ha confirmado que el cartel no era tan pobre como los medios nos hacían creer y, por el contrario, la diversidad estilística ha logrado una asistencia masiva al FIB.

Jueves, 14 de julio

El jueves fue la sorpresa del festival, gracias a su cabeza de cartel: Major Lazer. Si bien proponía unas actuaciones más mesuradas a simple vista, su apuesta por el sonido electrónico fue un acierto. Antes de que los estadounidenses sacudieran el recinto en el escenario de Las Palmas, pudimos disfrutar de artistas de El guincho, Skepta o Hinds: la banda sorpresa del escenario de Radio 3.

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Hinds en FIB 2016

Sin embargo, Major Lazer fue la celebridad del jueves e, incluso, del festival en su totalidad, pues público que no coreaba más que el “Lean on” acabó manifestando que la banda fue la mejor de toda la edición.

Major Lazer no es un símbolo de nuestra generación, aunque sí contienen todos los elementos simbólicos de la misma. Por ello, aunque no nos hubiéramos percatado anteriormente, la banda provocó la agitación de Benicassim, ante la sorpresa de no haberlos escuchado nunca en tu casa, y a pesar de ello conocer la mayor parte de sus canciones. Tal asombro mermó por completo la falta de autenticidad del rock, la carencia de un mensaje más allá del baile, o el reciclaje de sonidos del mundo por el cual se ganan la animadversión de todos aquellos lugares a quienes usurpan las raíces. Y es que Major Lazer representan la globalización, la juventud y las discotecas de la segunda década de los 2000. Los que estuvimos allí, lo presenciamos, y por aquel motivo no es necesario un gran virtuosismo cuando enlazas versiones de “El taxi”, “Una vaina loca” y “Gasolina” con canciones de tu repertorio, pues eso era lo que los fibers querían escuchar, no ya ver un gran concierto, sino una actuación entretenida.

Viernes, 15 de julio

El viernes, por el contrario, nos ofreció una mayor programación, menos discreta, a causa de la apertura del Escenario Visa, remodelado y merecedor de los grupos que en él actuaron, no como en la anterior edición. Así The Zephyr Boys fueron los encargados de abrir el escenario, seguidos de Rat Boy. Ciertamente, la banda de Jordan Cardy pudo ser una de aquellas que representasen la esencia de la 22º edición: una mezcla entre el pop británico, la electrónica del sintetizador y el recitado rap estadounidense condensados en una única banda de un escenario secundario simbolizaron la filosofía de este año.

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Rat Boy en FIB 2016

Tras Rat Boy, Hinds actuaron en Las Palmas, un pequeño paso hacia delante (pues el año pasado habían tocado en un escenario más pequeño). No obstante, el cambio de escenario tan solo fue el reflejo de la ascensión de las madrileñas: pocos grupos mejoran tanto de un verano para otro. Hinds actuaron en 2015 con solos a destiempo, voces más fuera de tono de lo normal y una batería bastante desacompasada, y, después de tanto girar, gran parte de todo aquello ha quedado olvidado.

Si la mejoría de Hinds fue notable, a la inversa ocurrió con The Vaccines. La falta de registro vocal de Justin Young fue la protagonista del concierto, a pesar de la agitación de las masas: The Vaccines es un grupo de hits, y ellos lo saben, lo que provoca que, en muchas ocasiones, el esfuerzo sea menor.

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The Vaccines en FIB 2016

Sin duda, la actuación de la noche vino, como era de esperar, del pilar del cartel: The Chemical Brothers. Con esta electrónica de la vieja escuela, el Festival volvió en la segunda noche a su esencia más primeriza. Mientras arrancaban con su mítica “Hey Boy, Her Girl” los juegos de luces y el arsenal de instrumentación electrónica inundaron el desierto de las palmas. Si el año pasado fue The Prodigy, en esta edición el dúo de Manchester fue aquel que impuso el Big Beat por encima de la guitarra amplificada.

Sábado, 16 de julio

El sábado era el gran día del festival, no por una mayor calidad musical, sino por la eterna devoción ante el grupo que presidía tal día: Muse. Fue la jornada que más público acogió, con 46.000 espectadores (10.000 más que el jueves). Pese a la gran diversidad de bandas que concurrieron el recinto, gran parte del público pudo presenciar única y exclusivamente aquellas que actuaban en el escenario de Las Palmas, debido al fanatismo que obligaba a permanecer guardando sitio hasta el final.

Si bien Muse siempre ha sido considerada una de las mejores bandas actuales en cuanto al directo, la decepción que provocaron en los fibers fue notable. Un sonido mediocre que no cubría toda la explanada, una postura cansada de Matt Bellamy y un setlist más que domesticado hicieron que los británicos cayeran del altar sobre el que se situaban. A pesar de una afinación impecable y una destreza manual inmejorable, la banda de Matt Bellamy aburrió a Benicassim y, a no ser que seas un fan incondicional, el hecho de que tocasen media hora menos de lo previsto es una falta de respeto ante personas que han estado bajo el Sol valenciano desde las ocho de la mañana con la única finalidad de verles a ellos.

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Muse en FIB 2016

Es por esto que quizás Major Lazer y Muse recojan dos esencias diferentes de un mismo festival, quizás de la filosofía musical en su conjunto. Mientras que los primeros representan el hedonismo, la simpleza, la jarana y el placer; los segundos se embarcan en el camino de la perfección hastiada.

Es por ello por lo que, si bien los protagonistas, no fueron aquellos que brillaron hasta arder. Nosotros preferimos disfrutar del ambiente del concierto de Zahara, en el escenario Visa, pues con su timbre y técnica cercana a la coloratura es difícil que a alguien no se le pongan los pelos de punta, ya sea con aquella canción por la que saltó a la fama, con su versión de “Te debo un baile” o con aquellas más nuevas.

En resumen, desconocemos si Zahara es Santa o no lo es, pero el directo sobre el escenario es tan íntimo y sosegado que, desde luego, cumple todas las papeletas.

Zahara en FIB 2016

Domingo, 17 de julio

En la última jornada, destacaron las actuaciones de The Maccabees y Kendrik Lamar. El rapero nos transportó a un universo cercano a la psicodelia, gracias a la renovación del legado negro del que no adopta más que el deje rítmico. Por el contrario, también pudimos disfrutar de Fidlar, la gran sorpresa de la jornada, del canadiense Mac Demarco o de Massive Attack, concierto que más bien parecía un discurso de índole política en contra del brexit, del terrorismo o, en general, de posicionamiento gubernamental.

En líneas generales, podemos concluir con que el FIB ha triunfado, en esta edición, gracias a la sorpresa de aquellas bandas que en principio generaron hostilidad tras su confirmación. Grupos como Major Lazer, o aquellos de las últimas líneas del cartel, han sido los encargados de cargar con el peso que las bandas más grandes no han podido superar. Y eso honra tanto a los artistas más esforzados como al Festival, por ofrecerles y ofrecernos una oportunidad tan gratificante a favor de lo menos convencional, a pesar de no abandonar las raíces del mismo.