Arctic Monkeys cuentan ya con una larga trayectoria y nosotros hacemos un repaso por toda su discografía.

Una cosa está clara y es que Arctic Monkeys es uno de los grupos más importantes y representativos de nuestra generación. La gente de nuestra edad (casi treintañeros) hemos crecido con ellos, una especie de crecimiento generacional y, por qué no, cultural. Nos empezamos deleitando con sus singles sacados a través de MySpace y sus primeros EP. Aquí «I Bet You Look Good On The Dancefloor» o «Fake Tales of San Francisco» ya nos entraron por el oído. Y por la vista: sus apariciones en televisión nos daban la sensación de ser un grupo de amigos, vestidos con chándal, que se juntaban para tocar (realmente bien) la guitarra.

Nos estaban ofreciendo algo de lo que, en aquellos tiempos, estábamos algo huérfanos: frescura. No es difícil acordarse del videoclip de «I Bet You Look Good On The Dancefloor». Son de esos vídeos que no tienen nada en especial pero que se quedan grabados en la mente. Es una especie de típico directo (real) de los antiguos programas independientes de Gran Bretaña en los que aparecían los grupos alternativos de la época tipo Joy Division o Happy Mondays de la mano de Tony Wilson (ver 24 Hours Party People, fantástica y altamente recomendada). En dicho vídeo no se llegaba ni a la perfección acústica ni vocal, todo sonaba muy garage y la puesta en escena era muy de estar por casa. Eso hizo que, como un imán, nos atrajera hacia ellos.

Sus tres primeros álbumes fueron gloriosos. Su debut, «Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not» (su mejor disco con diferencia), está lleno de guitarras con finales totalmente apoteósicos. Hits con aires más comerciales que todavía, a día de hoy, perduran y no nos cansamos de escuchar: «Mardy Bum» o «The View From the Afternoon» -este último, con un videoclip más que aceptable. Todo el LP cuenta con un aire muy british. Además, hemos tenido la suerte de verlos en concierto en todas sus etapas y su primer concierto en la sala Razzmatazz fue una locura. Tocaron el disco entero y Alex Turner y los suyos iban más que perjudicados. Incluso el audio sonaba sucio, pero todo era muy real. En muchos de sus temazos, la gente se subía al escenario debido a la locura colectiva que se estaba viviendo. 

De este primer álbum son destacables los temas «A Certain Romance», «Dancing Shoes» o «Perhaps Vampires Is a Bit Strong But»… Aunque, a pesar de ello, vale la pena escuchar el álbum al completo para saborear esta joya.

Hay que ensalzar una característica del grupo y es que toda su carrera no se basa tan solo en realizar material comercial sino que, a parte de ello, tienen numerosas caras B. Muchas de ellas con videoclip de gran elaboración y un gran éxito final. «Leave Before the Lights Come on» es uno nuestros temas favoritos de la época y servía como una especie de enlace a su siguiente álbum, «Favourite Worst Nightmare». Más tarde crearían temas más dispares y originales, o saldrían a la luz otros más creados por pura diversión.

 

El directo esta vez fue en una carpa montada (ahora ya desaparecida) en la zona alta de Barcelona llamada Espacio Movistar. Aquí ya fue otro rollo, tocaron una setlist bastante parecida al primero, pero esta vez con una acústica mucho más limpia y perfecta. Aquí se pudo apreciar que tenían madera de grupo grande. Dicho concierto fue antes de la presentación de su tercer álbum «Humbug».

«Humbug» sufrió un pequeño cambio de estilo, todavía no completo, pero nos avisaba de lo que podía venir. Es un álbum mucho más comercial, pero que conservaba acordes de lo que tuvo y de lo que tendría en un futuro. No era un disco brillante pero todavía se mantenía. Las canciones que más me gustaban era «Cornerstone» o «Crying Lighting», dos temas más relajados. El cambio ya estaba incluso afectando a los componentes de grupo que ya empezaban a llevar ropa más ajustada, chupas de cuero, tejanas y un cabello extremadamente largo.

El cambio completo se produjo finalmente en su siguiente disco, «Suck it and See». En esta ocasión, los oídos sufrieron un rechazo. Quizás no había madurado del todo musicalmente y me pareció incluso un insulto. Estos Arctic Monkeys ya no sonaban a rock inglés, sonaban a rockabilly al más puro estilo americano. Todo sonaba comercial y solo preguntaba: «¿por qué han hecho esto?» ¿El resultado? No comprar su álbum. Había canciones sueltas que sí pero ya no eran los Arctic que conocíamos. Desconexión durante un tiempo en busca de nuevo sonidos.

Pasó el tiempo y ya estaba en pleno cambio musical, pero un auténtico temazo se cruzó por el camino, «R U Mine», un single avance de su último álbum «AM». Volvían a gustar. Compré el CD y, todavía sin identificar al grupo de mi vida, entendí que se habían reinventado y era para bien. Ya mezclaban sonidos pop con guitarras sucias. Tocaban temas más profundos. Quizás no era apasionante pero mis sí tolerable Temas tan sólidos como «Do I Wanna Know», «Arabella» o «I Wanna Be Yours» (¿otro enlace de lo que será el grupo en el futuro?) son de gran calidad y le dan credibilidad a la banda.

Después de esto, es cuando vuelves a escuchar «Suck it and See» y cuando se entiende esa transición: lo habían conseguido. Ya son un grupo grande y llenan estadios. Por supuesto la metamorfosis ya fue completa y el estilo de Alex Turner y compañía es totalmente rockabilly. Comparad ahora una imagen actual con una de sus inicios: ese es el camino del éxito. Eso sí, para ser una gran estrella se debe tener personalidad y ellos la tienen. De hecho, siempre la han tenido. No es un grupo que caiga especialmente bien, pero eso en realidad no es más que carácter. Lo que cuenta es ser escuchado y recordado.

Juzgad vosotros cómo ha sido su carrera y lo que les depara. Estaremos esperando.