La incompetencia de una industria que se vomita encima 

Hacía tiempo que no escribía este tipo de reflexiones y ya tenía ganas de volver al ruedo y retomar esta sana costumbre. Al fin y al cabo ese fue el leitmotiv de este humilde blog que ahora mismo no sabría decirte en qué carajo se ha convertido.

La música ha sido mi vida desde que tengo uso de razón, en ella entré de manera «profesional» con mi primera banda a los 16 años. Los esfuerzos desmesurados por intentar avanzar sin recompensa, el gasto de un dinero que no tienes o dormir cuatro horas diarias para compatibilizar los ensayos con los  estudios y más tarde con el trabajo – situaciones que todo músico conoce de sobra – finalmente hicieron mella.

Hace tres años que abrí El Perfil de la Tostada, desembarcando de nuevo en el mundo de la música después de haber sufrido cierto desencanto con la industria, queriendo contar las cosas desde dentro pero con un punto de vista que no veía reflejado en otros medios. No tenía ni tengo la intención de ejercer de periodista, gurú o prescriptor, simplemente abrí un blog para dar mi opinión,  ¿o acaso hay que  tener el carnet de comunity manager, promotor o agente de prensa para ello?.

Pasado este tiempo ¿qué me encuentro?, pues básicamente la misma farsa que había dejado años atrás. Así que intento proteger día tras día mis ganas de seguir adelante con este proyecto haciéndome el tonto mientras veo la lucha feroz por hacerse con el trono de «el más listo de la clase». Asistiendo como espectador al dantesco espectáculo de cómo pisan las cabezas para adelantar a los que consideran sus rivales y olvidando completamente el sentido de todo esto: la música. En el mundo de los blogs, medios, webs, promotoras, discográficas, periodistas, managers, músicos y demás, estamos teniendo una sobreexcitación de la subnormalidad que no tiene parangón. Afortunadamente también me he encontrado con grandes profesionales, sinceros,  que hacen muy bien las cosas siendo ellos mismos, sin dejarse influenciar por el entorno, el qué dirán y la tontería desbordante que se respira en el ambiente.

Antes de continuar me gustaría que hicieras una pausa y pienses qué significa para ti la música, qué haces realmente por ella y a dónde quieres llevarla.

Personalmente realizo ese ejercicio de responsabilidad cada día: intento responder a la cantidad ingente de mails que nos llegan a diario con nuevas bandas que depositan toda su ilusión sobre esas breves líneas para que publiques algo sobre ellos; contesto a las oficinas de prensa que se juegan su sueldo; publico y publicito los conciertos que los grupos preparan con todas sus fuerzas y escucho toda la música posible para ofrecer al público de la web algo que les pueda interesar. Todo ello a la vez que intento compatibilizarlo con mi trabajo, dedicándole además casi todo mi tiempo libre y quitándome horas de sueño. Aclaro una vez más que esta web no se creó para ganar dinero y los pocos ingresos que aporta se gastan en su sostenibilidad y sus colaboradores.

No soy ningún ejemplo a seguir, se hacen muchas cosas mal en esta web e intentamos aprender de los errores y las críticas porque nadie es más que nadie y todo sabio fue en algún momento aprendiz.

Estoy un poco harto de ver a gente que dice que ama la música, que la defiende y valora por encima de todo…  y por detrás  se aprovechan de esa falsa fachada. En este mundillo la mayoría  se mueve por su propio interés, así que lo mejor es no fiarte de nadie para no sentirte decepcionado más adelante. Se promulgan las falsas amistades que se ponen a caldo a la vuelta de la esquina, bonitas palabras con el único fin de conseguir algo de ti y luego si te he visto no me acuerdo; personas que antes te ignoraban ahora se vuelven fans de tu trabajo; peleas por conseguir la mejor posición, ansia por tener followers, seguidores y ver crecer sus egos hasta que sean del tamaño de una catedral.

Profesionales (tanto músicos como periodistas) que se rebozan en su propio elogio, que se rodean de una serie de palmeros que les ríen la gracia y los idolatran hasta el punto de que se tienen en tanta estima que su onanismo les lleva a no aceptar ningún tipo de crítica (hablo siempre de crítica constructiva, no de la «española»), que ignoran a cualquiera que se atreva a valorar su trabajo por debajo de «obra excelsa». Da mucha pena ver cómo se alaba cualquier cosa aunque su calidad sea patética por el simple hecho de quién sea el que lo haga. ¿Así pretendéis dignificar vuestro trabajo?

Ver como se acredita a groupies (ver definición para no confundir términos) a cierto festival porque la semana anterior se fueron de juerga con el organizador y en cambio se les niega el acceso a profesionales o ni siquiera se atienden sus peticiones, es algo que me produce arcadas.

Salas que en lugar de pensar en mejorar por la crítica recibida, amenazan con vetarte su entrada. Managers, que se quieren tanto a sí mismos que ya piensan que son ellos los que hacen las canciones o se suben a los escenarios. Promotoras que niegan acreditaciones a los medios sin ni siquiera ver como trabajan pero que dan el «sí» cuando apareces recomendado por su amigo e intentan exigir que hagas el trabajo como ellos quieren coartando tu libertad de expresión.

Si te paras y observas a tu alrededor ves como toda esta gentuza se organizan en  amigos de noche, amigos de ponerse, amigos del jodido postureo,  que matan por estar arriba y miran desde sus minúsculas atalayas al pueblo llano mientras se fotografían disfrutando de festines de oropel barato dejando claro a los demás que «yo estoy aquí donde tú ni siquiera soñarías estar».

Estoy cansado de todo esto pero por el momento voy a seguir luchando por lo que creo, por la música que me llega al corazón, por intentar ayudar a todo el que pueda desde esta pequeña isla, sabiendo que el tiempo limita ¡y de qué manera!. Me voy a alejar socialmente de todo este fariseísmo, no creo que así consiga alejar los sucios murmullos a mis espaldas pero seguramente seré más feliz. Seguiré contando lo que pienso sin miedo a vetos o enemistades, tampoco busco hacer amigos, la sinceridad por encima de todo, sin desear el mal a nadie. No pretendo llegar a nada, aunque algunos ya me han hecho saber que esa postura no les parezca creíble. Me da exactamente igual todo lo demás porque lo que realmente importa es LA MÚSICA.