Concierto de Black Keys en el Palacio de los Deportes

Cualquiera que haya escuchado con cierto detenimiento a Black Keys, creo que podría estar de acuerdo si digo que son el grupo blanco con el alma más negra (musicalmente hablando) de la actualidad. Lo demostraron el miércoles en el Palacio de los Deportes.

El repertorio repasó una parte importante de su trayectoria musical desde 2002, centrándose principalmente en sus dos últimos trabajos: Brothers (2010) y El Camino (2012), que son los que les han dado fama mundial, sin olvidar los trabajos anteriores.

El inicio del concierto lo repartieron entre ambos trabajos, empezando con “Howlin For You”, alternando en las 6 primeras canciones temas de estos dos discos, colándose de invitada “Same Old thing”, del disco Attack and Release (2008). Con el final de este bloque inicial llegó el primer gran momento de la noche, cuando sonó “Gold on the Ceiling”, que hizo saltar al público, que coreó el estribillo con entusiasmo.

Fue entonces cuando los señores Auerbach y Cartney decidieron demostrar que eran capaces de defender el escenario solos, sin el resto de músicos. Y lo hicieron con absoluta solvencia. Sonaron “Thickfreakness”, del álbum del mismo nombre de 2003, “Girl is on my mind” de Rubber factory (2004) y “Your Tocuh” de Magic Potion (2006). Todos ellos mantuvieron la fuerza y el sonido potente que les caracteriza.

Con el ecuador de la velada llegó, en mi opinión, el mejor momento del concierto: “Lttle Black Submarines”: un tema que combina belleza y tristeza en dosis similares, dividido en dos partes, acústica y eléctrica, que consiguió emocionar al público que cantó casi fundido en una sola voz.

Para el bloque final, volvieron a pasearse por su discografía más reciente, con algún guiño a otros trabajos como “Strange Times”. Para cerrarlo encadenaron 3 temas que hicieron bailar al público, acabando con “Lonely Boy”, que inevitablemente incita a mover las caderas

Tras una breve pausa, volvieron al escenario, de nuevo los dos solos, para dar por cerrada la noche con un bis que a gran parte del público se le hizo corto, ya que únicamente incluyó “Everlasting Light” y un excelente “I Got Mine”.

En resumen un concierto aceptable en el número de canciones, 20, aunque corto para todos los que llenaban el Palacio de los Deportes, una hora y media justa. Parece que empieza a convertirse en el formato standard para la mayoría de grupos.

En el debe, señalar que se echó en falta algo más de interacción por parte de la banda, que se limitó a tocar su repertorio, sin grandes despliegues escénicos y sobre todo con cierta falta de cercanía, apenas si cambiaron unas  cuantas de frases de agradecimiento. Hubo un sector del público que se quedó con la sensación de no haber tenido una faena completa, como si hubiera sido demasiado frío. Todo esto depende también del gusto del espectador para considerarlo como una carencia.

La parte técnica creo que estuvo por debajo del nivel del grupo, con un sonido al menos en la zona de la pista bastante mejorable, lo que no permitió que la música llegara limpia, sino más bien algo saturada.

Todo el que pudo asistir al concierto, disfrutó de la fusión entre la indudable huella del blues clásico y la pulsión del rock vibrante. En mi opinión, esa mezcla merece la pena ser oída en directo.