Muchas pueden ser las fuentes de inspiración de un artista a la hora de crear en la música, la pintura, el cine o la literatura. Muchos los motivos que generen una idea, algo que querer transmitir a los demás.

 Entre todas esas fuentes, si pudiéramos hacer una gran encuesta, repasando todas esas disciplinas artísticas, creo que la que reuniría más votos, sería el amor.

 Primero, porque es la fuerza vital que nos mueve a todos, que cambia nuestro estado de ánimo, nos sube a una montaña rusa con maravillosas subidas y terribles bajadas. Además tiene dos caras, amor y desamor, igual de interesantes a nivel creativo.

Fue el amor el que llevó a George Harrison a componer en 1969 una excelente canción, “Somenthing”, inspirada en la que entonces era su mujer, Pattie Boyd. Mucha gente la atribuyó a Lennon y Mccartney, ya que se grabó en el álbum “Abbey Road”, pero era una creación de Harrison, con alguna pequeña ayuda de sus amigos James Taylor y Eric Clapton.

 Precisamente Clapton, le dedicaría una canción a la misma mujer, “Layla” (era el sobrenombre con el que todo sus amigos conocían a Pattie), pero esta vez fue el desamor el motivo de inspiración. Clapton estaba locamente enamorada de ella, la mujer de uno de sus mejores amigos. Ese amor no correspondido le llevo a componer la canción en 1970 cuando pertenecía a Derek and the Dominos y a transitar durante años por una senda de drogas y alcohol

 En 1974, Pattie Boyd se divorció de Harrison y finalmente acabaría casándose en 1979 con Eric Clapton. De esa época, en 1977, nacería otra joya, “Wonderful Tonight”, compuesta por Clapton una noche mientras Layla se preparaba para salir.

 Joaquín Sabina ha deambulado toda su carrera por esa fina línea que separa amor y desamor, moviéndose con la misma soltura en ambos territorios, exprimiendo su jugo para destilar canciones soberbias. Como serían muchas las mencionables, me voy a quedar con un de mis favoritas, del álbum “19 días y 500 noches” de 1999, celebrado por la gran mayoría como el mejor de todos sus trabajos. En ella habla del amor justo antes darte cuenta de que estás enamorado, cuando todo es nuevo: “Ahora que...”.

 Necesario es hablar de otro de los grandes compositores en castellano, Joan Manuel Serrat. No podría obviar “Lucía”, una de las canciones clásicas en su discografía y posiblemente una de las más bellas canciones sobre el amor perdido. Pero yo me quedo con otra más reciente, que utiliza un lenguaje similar: “Donde quiera que estés”, de su álbum “Sombras de la China” de 1998.

 Esta selección podría tener mil canciones distintas y todas válidas, solo espero que las que aquí aparecen os gusten. Disfrutadlas o sufridlas.