En estos tiempos en los que parece que lo estrafalario se antepone al talento y que los que constituyen ese reducto denominado industria todavía se creen que pueden imponer sus normas, me gusta comprobar que una voz, un trabajo bien hecho y la clase triunfan.
Esos son los valores que posee Adele. Sin ambages, sin vestimentas que hagan fijarse más en el personaje que en el artista, sin tener que presentarse bajo vídeo clips a los que les falte poco para ser coartados por la censura de los EEUU, consigue el reconocimiento del público mundial y el de la «industria» musical en forma de seis premios Grammy.
Otros triunfadores, esta vez en la categoría de rock, fueron Foo Fighters con cinco galardones. Del mismo modo que hace la londinense, ellos trabajan sin descanso para conseguir un plus de calidad. Su último álbum ha sido grabado de una manera casi artesanal y eso queda patente en el resultado final.
Espero que esto no sea sólo una fachada por parte de los que mueven el panorama musical y que realmente esta gran artista marque un antes y un después que consiga enderezar el rumbo que en los últimos años ha ido tomando todo este circo.
Podría hablar mucho más sobre su talento pero una imagen, en este caso un vídeo, vale más que mil palabras.